Una cabaña en medio de las montañas diseñada para escapar de la rutina y conectarse con la naturaleza

Este proyecto de cabañas en Noruega, realizado por la firma Snøhetta, está en un punto estratégico para dominar el paisaje montañoso, con visuales hacia el glaciar Jostedal. Su arquitectura es una con el entorno. 0

Construidas sobre una pequeña meseta en Luster, al occidente de Noruega, estas cabañas reciben a los excursionistas que visitan el lugar durante los meses de verano y otoño. La disposición de las estructuras sobre el terreno responde al paisaje montañoso, dentro del que destaca el glaciar Jostedal.

El proyecto, ubicado en el lote de manera centrífuga, orienta las construcciones hacia el exterior para definir un espacio libre central común.

En 2011 los alojamientos originales, que funcionaron por más de un siglo, fueron destruidos por el ciclón Dagmar. Luego de la tragedia, la Asociación Noruega de Senderismo convocó un concurso internacional de arquitectura, ganado por la firma noruega Snøhetta con una propuesta en la que nueve piezas –que se terminarán de construir por etapas– componen el complejo.

Techos, ventanas y muros inclinados configuran la espacialidad interior, desde la cual se puede apreciar el paisaje, tanto en los ambientes de reunión como en los de descanso.

La geometría de las cabañas reproduce el perfil de las montañas, mientras la madera de sus fachadas se mimetiza con el color de la tierra en una arquitectura que se funde con su entorno.

Las cabañas tienen una sección pentagonal que permite generar cubiertas con altas pendientes y fachadas oblicuas para reducir la resistencia a los fuertes vientos de la región. La estructura de bastidores de madera laminada es complementada con tableros de madera contrachapada y revestida en el exterior con tablilla de pino, lo que produce una materialidad homogénea y refuerza la geometría prismática de las edificaciones. Las ventanas persiguen las formas quebradas y los ángulos inclinados para enmarcar el entorno de formas diversas.

En una de las construcciones funcionan un comedor comunitario y un salón social para el encuentro de los visitantes. Este espacio gira en torno a una chimenea de piedra que permite refugiarse del frío. Las otras cabañas albergan alojamientos y dormitorios para treinta personas. Una vez culminadas todas las etapas, la capacidad aumentará a cincuenta huéspedes. Este proyecto busca un punto estratégico
para dominar el panorama circundante.

Su distribución perimetral en el lote y su orientación centrífuga lo definen como un mirador. Pero, por otro lado, su presencia en el lugar hace eco de la topografía, sus formas reproducen las rocas que aparecen dispersas en la montaña, mientras el color de la madera se mimetiza con la tierra rojiza. Como en un templo griego, esta arquitectura no solo se posa sobre un territorio, sino que forma parte de él. Figura-edificio y fondo-paisaje se diluyen el uno en el otro en este hotel, que más que admirar la geografía, permite habitar una montaña.

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