Una casa de ensueño sobre la laguna del Sisga en Cundinamarca

La arquitectura de esta casa sobre la laguna del Sisga, en Cundinamarca, es una propuesta arriesgada, pero bien estudiada, que tuvo como premisa el concepto de diseño democrático. Además, todo el proceso de construcción se basó en un manual, modalidad que el arquitecto quiso implementar después de un viaje a Japón.

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Dos meses después de contactar al arquitecto bogotano Carlos Granada, el dueño de este lote recibió un completo manual para construir la casa de sus sueños. Allí, como quien se prepara para armar un Lego, estaban especificados todos los detalles, desde planos estructurales, cortes, plantas y renders, hasta cuadros de carpintería, despieces de baldosas y pisos y la ubicación de las tomas eléctricas. El documento reflejaba también los costos reales del proyecto –una de las principales preocupaciones del cliente, que quería una casa económica pero muy especial–.

     Al cabo de cinco meses, la construcción de 218 m2 –en un lote escarpado y de difícil acceso sobre la laguna del Sisga– estaba terminada. “Fue un ejercicio interesante, porque apliqué un sistema que conocí en Japón, y me pareció muy práctico”, dice Granada, quien tuvo la oportunidad de ver cómo abordan la arquitectura los nipones. “La mano de obra es muy costosa, así que aplican el tema de prefabricación de manera masiva. Y para llevar la arquitectura al nivel de detalle que manejan, fabrican manuales. Así pueden cotejar el presupuesto mientras se desarrolla el proyecto. Al final, el resultado se adapta al bolsillo, a los tiempos y al gusto del dueño”.

Simultáneamente, venía trabajando el tema del diseño democrático –término aplicado por la reconocida firma de mobiliario escandinava IKEA–, que se basa en la optimización de los recursos disponibles para lograr un producto de calidad que sea asequible a más personas. “No se trata de hacer vivienda de interés social, ni arquitectura barata, sino de seguir ciertos principios que hagan el proceso más eficiente”, puntualiza. Pero más allá de predicar, en este proyecto lo puso en práctica. Recurrió a principios como la economía formal, “prismas puros, limpios”, estructuras a la vista, que no requieran revestimientos o acabados; y un fuerte tema de prefabricación, para lograr una obra que cumpliera con las expectativas de su cliente, tanto en lo estético como en lo económico.

Contrario a lo que podría pensarse, estas teorías y condicionantes autoimpuestos por el arquitecto no fueron limitantes para el proceso creativo, sino que llevaron a Granada y a su equipo a esforzarse por buscar las mejores opciones para cumplir con los requerimientos estéticos y programáticos de su cliente, convirtiendo el proyecto en un exigente desafío, donde cada material, estructura y acabado debía cumplir con las premisas de calidad y economía prometidas.

El punto de partida se basó en no modificar el terreno ni la vegetación existente y aprovechar al máximo la vista sobre la laguna. “Aquí la restricción era el área que había de montaña. La estructura debía ajustarse para no tener que rellenar terreno. Por eso, la casa está apoyada solamente en seis puntos, el resto vuela”, explica el arquitecto, que se valió de tensores en triangulación descolgados de la estructura principal del techo para soportar los voladizos en ambos extremos de la casa y los corredores externos.

La estructura metálica negra –un rectángulo con una modulación de 8 x 8 metros– fue completamente prefabricada, y se ensambló in situ, “es como un zancudo que se armó sobre los dados de cimentación”. Y el volumen central, un núcleo cerrado que mide 3,20 metros de piso a techo, sobresale para crear una ventana perimetral alta. “Eso me permite captar luz de la mañana y de la tarde. Debía orientarme hacia la laguna, pero quería capturar la mayor cantidad de sol”, explica Granada, quien desde un inicio tuvo claro que gran parte de la fachada debía ser de vidrio. “Aquí el lujo no está en los acabados, sino en el sitio, se trata de tomar el lugar y vincularlo con la casa. Por eso vale la pena pensar en generosas superficies de vidrio”.

La decisión de completa transparencia planteó retos desde el punto de vista climático. “Como es un lugar frío, especificamos una ventanería robusta. Es un sistema europeo con vidrios espesos y cierres de PVC herméticos. Además, cuentan con una película de UV que capta radiación durante el día”. Por otra parte, instalaron cortinas blackout especiales que ayudan a mantener la temperatura interior. “Creo que además del paisaje, lo más lujoso son las ventanas”. Añade que también se prefabricaron y solo tuvieron que instalarlas. “Por eso, la precisión en las medidas fue fundamental durante todo el proceso”.

La planta se definió siguiendo un orden formal, donde los servicios se encuentran  centralizados en la parte de atrás, y las tres habitaciones y la zona social están en el frente. La parte más importante es la cocina, pues los dueños –una pareja y su hija– son apasionados del tema. “La cocina, que también es de vidrio, sirve como entrada a la casa y como articulación para los demás espacios”.

El acceso se hace a través de un porche, la puerta se mimetiza como un módulo de fachada, “y pivota para abrirse hacia un deck, donde no hay límites, solo tienes vista a la laguna”. Una vez adentro, cantidad de detalles dan fe del concienzudo trabajo de los arquitectos, que se esmeraron por imprimir un carácter único al espacio, sin necesidad de hacer grandes inversiones. Elementos como el piso de madera, elaborado con piezas de retal, “compramos desperdicio de los pisos de sapán y con eso hicimos la trama”; el cielo raso de tableros de OSB –un aglomerado de bajo costo– o las baldosas de los baños, elaboradas con el mismo diseño, pero en diferentes colores, son ejemplo de la versatilidad de esta propuesta.

El sistema de iluminación también tiene su historia. “Como el clima frío a veces puede ser gris, queríamos que tuviera algo festivo. Para mí esa imagen son los faroles”, explica Granada, quien diseñó lámparas descolgadas para toda la casa, en cambio de balas. “Cuando uno las prende parecen estrellas, y brindan calidez y alegría al ambiente”. También recurrió a su formación como diseñador industrial en la implementación de los clósets-camarotes de los dormitorios secundarios. “Como es una casa de recreo, que a la vez necesitaba al máximo de aforo –cuatro personas por habitación–, eliminamos los armarios y los reemplazamos por un elemento que uno baja y se convierte en camarote”.

Y la lista continúa. Todo tiene una razón de ser, aquí nada es fortuito, desde la chimenea que tiene la posibilidad de abrirse al corredor, hasta los alimentadores de aves con agua azucarada en el balcón, adonde llegan decenas de colibríes para complementar el espectáculo de la naturaleza. “Uno de los planes es sentarse a verlos”, dice Granada con una sonrisa, y explica que el proyecto se llama SERENDIPITY, que quiere decir “ocurrencia afortunada”, porque todo, desde el hallazgo del lote, hasta el resultado final, ha sido una secuencia de sucesos bienaventurados. Eso sí, aclara que nada se dejó al azar, puesto que el manual que crearon antes de empezar la obra, fue el plan de vuelo que permitió un perfecto control del proyecto.

Diseño: Granada Garces Arquitectos, Carlos Granada, Rodrigo Pulido, Andrés Duarte. Ingeniería, gerencia y construcción: GCA-SA, Juan Pablo García.

 

 

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