Una casa de campo en Subachoque diseñada para conectarse con la naturaleza sin dañar su entorno

Esta casa, ubicada cerca de Subachoque, Cundinamarca, pasó por un interesante proceso de renovación que aprovechó al máximo sus pocos metros cuadrados para crear una experiencia volcada a la naturaleza. 0

Una casa para permanecer afuera. Con esta premisa, el arquitecto antioqueño Sergio Castaño restauró una vivienda de campo ubicada en las inmediaciones del municipio de Subachoque. La idea parecía simple, pero su desarrollo implicó una intervención compleja, pues era necesario transformar por completo la distribución interna y, simultáneamente, reemplazar la estructura del techo. Con todo, hubo un aspecto a favor: “La construcción original
no superaba los 50 metros cuadrados, por lo cual fue posible optimizar el espacio disponible y potenciar las visuales”, comenta Castaño.

    

Y es que el arquitecto adquirió el terreno por la belleza de su paisaje bucólico. Laderas de montañas revestidas con un mosaico de verdes. Árboles frondosos que atavían los campos. Sembrados de cereales y hortalizas en abundancia. Dadas estas condiciones, ¿cómo hacer de la naturaleza la esencia del proyecto?, ¿acaso se podría desmaterializar la arquitectura y fundirla con el entorno? La estructura existente difícilmente respondía a estos interrogantes, de ahí que para él conservarla no era una opción.

“Al principio mi intención era demoler la casa antigua, que presumo podía tener cien años o incluso más, y construir una totalmente nueva. Sin embargo, por la opinión de varias personas a mi alrededor, concluí que sería útil aprovechar las preexistencias, de forma que decidí mantenerla, eso sí, adaptándola a mi gusto”.

Así, modificó la organización en función de sus necesidades. Antes los espacios eran compartimentados, ahora se integran entre sí haciendo que, pese a su pequeño tamaño, la casa se perciba amplia e iluminada. Este es el caso del área social, que agrupa sala, comedor y cocina. Allí abrieron grandes ventanales en busca de que interior y exterior estuvieran separados por elementos sutiles y transparentes, y que el paisaje natural fuera el protagonista de la estancia. Adicionalmente, construyó un deck de madera que sirve como lugar de contemplación y descanso. El área privada se reduce a una habitación, que amplió al extrudir la ventana hacia fuera, con la finalidad de disponer un
nicho que sirviera como asiento para admirar los árboles cercanos y el paisaje en general.

Fabricó la cama en sistema de mampostería, mientras que algunos objetos, como las mesas auxiliares y de noche, son troncos de árboles que por fuerza se tuvieron que talar durante la remodelación. Sumado al cambio de distribución renovaron los acabados a fin de crear un juego perfecto entre materialidad y espacialidad. Así modernizaron los pisos –mediante el uso de cemento pulido– y los enchapes. Entre tanto, las piezas decorativas y el mobiliario tienen corte artesanal y manufactura local. Muestra de ello son el sofá, cuyo armazón es también de mampostería, las cestas de fibra orgánica, las vasijas de barro y las cobijas de lana virgen. “Desde un comienzo mi objetivo fue hacer lo máximo con lo mínimo, razón por la que buena parte del proyecto la ejecutaron trabajadores de Subachoque. Esto redujo los costos y facilitó las labores, sin duda”. Las ventanas metálicas son un buen ejemplo, ya que fueron elaboradas por un ornamentador de la región, que reprodujo la estética del pasado.

En cuanto al techo, eliminó la estructura original, que poco o nada armonizaba con la nueva composición arquitectónica, y construyó una cubierta a dos aguas con ventanas a lado y lado, apoyada sobre una cercha metálica revestida de bambulina –bambú abierto a la mitad–. En la cara exterior realizó el habitual proceso de impermeabilización y, por último, instaló tejas metálicas. Esta cubierta, vista desde afuera, combina con prolijidad la madera y el metal, materiales que traducen belleza y sobriedad.

Finalmente, el paisajismo es otro aspecto sobresaliente del proyecto. Concentraron grandes esfuerzos en reforestar y rehabilitar la vegetación del predio para enriquecer la experiencia de habitarlo o, simplemente, de pasar una temporada. Al imitar los principios de la naturaleza, esta casa rememora la imagen de la cabaña primitiva como símbolo bdel arte arquitectónico y síntesis de la tradición constructiva. ■

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