Cuadrilla: un nuevo lugar en Bogotá diseñado para talleres, estudios y toda una comunidad creativa

Por PRODUCCIÓN: MARIANA ARANGO TEXTO: RODRIGO TOLEDO, ARQUITECTO Y PROFESOR ASISTENTE DE LA UNIVERSIDAD PONTIFICIA BOLIVARIANA
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Marzo
26 - 2021
Crédito de la foto: FOTOGRAFÍA: IVÁN ORTIZ
Cuadrilla, en Bogotá, es un espacio que ofrece estudios y talleres para la comunidad creativa. Su arquitectura busca potenciar la colaboración, el encuentro y el intercambio de saberes.

Luego de estudiar administración y ejercer una carrera profesional dedicada a la publicidad, el desarrollo de marcas y la hotelería, Diego Parra decidió aprender carpintería. En el camino se encontró con la dificultad de acceso a lugares y equipos para trabajar la madera en Bogotá, pues es común que artistas y artesanos tengan que alquilar talleres y pedir máquinas prestadas para fabricar sus piezas y obras. Este vacío dio origen a Cuadrilla, iniciativa que se apoya en la lógica de los espacios de coworking para ofrecer estudios y talleres a la comunidad creativa de la ciudad y así estimular la colaboración, el encuentro y el intercambio de saberes y prácticas. 

El proyecto requería una arquitectura que no estableciera límites entre los ambientes destinados al diseño, la producción y la reunión. Asimismo, debía generar un lugar que propiciara la cooperación entre sus usuarios. El encargado de esta tarea fue el arquitecto bogotano Sebastián Serna, quien hizo con Parra un viaje a Nueva York y Boston, Estados Unidos, donde visitaron lo que se conoce como Maker Spaces, cuya forma de operar se asemeja a lo que querían para Cuadrilla.


Las estancias abiertas de Cuadrilla se pueden transformar según las necesidades de los usuarios.

Ubicada en una bodega industrial entre los sectores de Chapinero y Galerías, la intervención reconfigura el interior de la nave para establecer una serie de estancias abiertas, que se pueden transformar según las necesidades de uso. Para esto implementaron una retícula ortogonal desmontable, a manera de cuadrícula espacial. Fabricada en tubería, permite una división modular del área mediante cortinas, así como la instalación de lámparas en diferentes puntos. Una única forma arquitectónica flexible que posibilita múltiples organizaciones. Además, esta estructura es también un sistema de conducción de agua para el riego automático de la vegetación que disponen en los puntos de cruce de las tuberías.

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Muros de concreto vaciado y columnas de acero se encargan de sostener dos niveles de pasarelas

En paralelo, una serie de muros de concreto vaciado y columnas de acero sostienen dos niveles de pasarelas que se entrecruzan en medio de un vacío de triple altura. Mientras la maquinaria, los equipos pesados y los talleres están en la planta inferior, los estudios y espacios para el diseño se disponen en los entrepisos aéreos. Reemplazaron la cubierta del edificio industrial por una teja de policarbonato alveolar para aislar térmica y acústicamente el interior y, al mismo tiempo, dejar que el sol ilumine las zonas de trabajo. Un cielo de textil translúcido oculta las instalaciones eléctricas y lámparas superiores mientras tamiza la luz natural.


La estructura tiene un sistema de conducción de agua para el riego automático de la vegetación, ubicada en el cruce de tuberías.

Algunas de las ideas puestas a prueba por el arquitecto en este proyecto son el contraste entre la levedad y el peso visual de las formas y los materiales, así como la organización espacial a partir de una sucesión de patios. Ambos conceptos se materializan desde un entendimiento profundo de los hábitos presentes en el lugar, pero también desde una arquitectura que se comporta de maneras opuestas y complementarias. Por un lado, las estructuras de hormigón y metal estáticas, y por otro la retícula-jardín, móvil y modular.


La maquinaria, los equipos pesados y los talleres están en la planta inferior. Por su parte, los estudios y espacios para el diseño quedan en los entrepisos aéreos.
La retícula ortogonal, hecha de tubería, permite una división modular del área.

La connotación efímera de esta obra trasciende la simple idea de una corta duración en el tiempo, para ser concebida como una construcción que se adapta a las circunstancias, y que antes de imponer una organización, permite que quienes la usan decidan sobre ella. La pasión de Diego Parra por lo que se hace con las manos se traduce en este espacio arquitectónico, que construye una trama de líneas y puntos para albergar una red de personas creativas. Un sistema abstracto de coordenadas que reintenta la estructura del cubículo de trabajo para convertirlo en un jardín colaborativo, donde todos se miran entre sí.

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Este edificio refleja la pasión por los oficios.

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