El encanto de las ciudades intermedias colombianas

Por Catalina Obregón Directora revista AXXIS
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Diciembre
15 - 2020
Crédito de la foto: Iván Ortiz - producción: Diana Tovar.
La pandemia aceleró algunos cambios que ya se estaban dando, entre ellos la migración de las urbes principales a las intermedias.

Por lo general, cuando el ser humano enfrenta una situación que le causa temor o que percibe como amenaza, reacciona de manera inmediata sin medir antes las consecuencias que dicha respuesta pueda tener. Es inevitable. En inglés se denomina como el instinto de fight or flight –luche o escape–. Sin embargo, se ha comprobado que a menos que uno enfrente una situación de peligro inminente, en la que está en riesgo la vida, lo mejor es mantener la calma y tomar una determinación después  de un análisis cuidadoso.

Es el consejo  y la percepción que tiene el arquitecto  pereirano Jaime Vélez ante los retos y desafíos  que implica la vida pospandemia. “Estamos reaccionando demasiado rápido a lo que sucede. Sería interesante que, no solo a escala de ciudad, sino como sociedad, estudiáramos qué nos conviene, con una visión más amplia e informada”, explica desde su finca en Pereira, Risaralda. Vélez, quien vivió durante 32 años en Chicago, Estados Unidos, donde fue director de diseño de la firma de arquitectos  Skidmore, Owings  & Merrill –SOM–,  regresó  hace poco  a Colombia. Su experiencia le ha permitido mirar la actualidad con cierta objetividad y una visión más global. “La pandemia ha precipitado una cantidad de cosas.

La migración a las ciudades intermedias ya estaba sucediendo, pero de manera moderada. Conozco varias personas que vinieron a Pereira en busca de una mejor calidad de vida. En estas ciudades el costo de la finca raíz es mucho más bajo, las distancias son más cortas, el nivel de educación ha mejorado muchísimo y hasta antes de la pandemia había veinte vuelos diarios de Pereira a Bogotá”.

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Pero ahora, con la posibilidad del teletrabajo  y la educación virtual, numerosas personas decidieron reubicar a sus familias en estas ciudades, donde la vida tiene otro ritmo. La tecnología  y la conectividad han sido fundamentales  para la consolidación de este fenómeno. “Creo que como en todo en la vida, estos cambios implican consecuencias favorables y desfavorables. Por eso, hay que ser responsables con la manera como se plantean  y se abordan”. Entre los puntos positivos destaca el aumento en el empleo, especialmente en sectores  como arquitectura y construcción, y también que abre las posibilidades a una mejor y más nutrida oferta de bienes y servicios. No obstante, una densidad más alta de habitantes impone mayor estrés sobre la infraestructura.



Adicionalmente, Vélez resalta que genera otra consecuencia, que aún no se mide: la migración de la ciudad hacia el campo. “Ha habido un crecimiento desmesurado de las urbanizaciones  y condominios  en áreas rurales. La proliferación ha sido contundente, evidente en un incremento en el costo de la tierra entre un 50 % y un  60 % en el término de nueve meses. Este es un indicador muy claro de la demanda por este tipo de lotes.  Y esto implica un reto enorme en cuanto a la normativa, pues estamos convirtiendo suelos tradicionalmente agrícolas en semiurbanos residenciales”. Explica que en este momento la norma de construcción solo permite densidad muy baja de vivienda unifamiliar. “De mantenerse  así, vamos a consumir el cinturón verde alrededor de Pereira con este tipo de urbanizaciones. Por eso sería interesante buscar una solución que permitiera desarrollos de densidad media, con menos ocupación de tierra”.

Basado en este contexto, Vélez –quien fundó en Pereira la firma Vélez+Valencia, junto con el arquitecto pereirano Óscar Valencia– aclara que sería precipitado emitir un concepto sobre la conveniencia de la migración masiva a las ciudades pequeñas; no obstante, cree que para mitigar posibles efectos adversos es importante que este tipo de desarrollos sean responsables con el entorno.

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“A medida que empiezan a crecer es fundamental que se utilicen los principios de urbanismo sostenible como modelos  para guiar este nuevo paradigma. Entre ellos la competitividad, la ecología, la movilidad –lo ideal sería  vivir sin carro–, el manejo eficiente de los desperdicios, el cuidado del agua, la planeación para adaptarse a los cambios,  y la herencia, tenemos que honrar la cultura local”.

Pero más allá de que todo se haga de manera cuidadosa y controlada, Vélez tiene la certeza de que la solución no es abandonar las grandes ciudades. “Las preguntas verdaderamente interesantes, son: ¿qué va a pasar con las megalópolis?  ¿Cuál es el futuro de las metrópolis del mundo? ¿Cómo podemos  pensar y lograr una forma de vivir más fácil dentro de un contexto más denso, con las megaestructuras existentes? ¿Cómo vamos a mejorar el ambiente de nuestras urbes, cómo las vamos a hacer más vivibles y saludables?”. Estos cuestionamientos  aún están por resolverse, pero tal vez en su respuesta esté la solución a una mejor calidad de vida para todos. ✱

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