El Tropicario más grande de Sudamérica: una oda al vidrio en Bogotá

En el Tropicario de Bogotá este material transmite las formas, colores y texturas de la vegetación que abriga. Mientras se recorre, evoca el paso del tiempo y celebra la vida al aire libre.
Tropicario Bogotá

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Con la introducción del vidrio en la arquitectura se produjo un cambio cultural sin precedentes: se transformó la manera de entender el espacio. Este material despertó la consciencia sobre las cualidades de la buena arquitectura, como la iluminación y la amplitud. Y es que, cuando la luz ingresa al interior de los edificios, la percepción se modifica: aparecen luces, sombras, profundidades y reflejos. 

El Tropicario, ubicado en el Jardín Botánico de Bogotá, obra de los arquitectos Jorge Buitrago y Jaime Cabal, socios fundadores de la oficina DARP –De Arquitectura y Paisaje–, es una oda a la arquitectura de vidrio: “Desde las fases iniciales del proyecto fue el material escogido para la construcción de los edificios”, comenta Cabal. 

La decisión de elegir el material de la obra

Aunque hubo interés por parte de la institución en reemplazar el vidrio por un tipo de plástico utilizado en la mayoría de los invernaderos en el mundo, los arquitectos no lo permitieron: “Sabíamos de las bondades de dicho material, pero a la vez creíamos que, si lo implementábamos, el sentido e imagen originales del Tropicario se habrían desvirtuado por completo”, agrega Buitrago.  

Tropicario bogotá
Tanto las áreas como las alturas de los edificios dependen de las condiciones requeridas por las especies que protege cada uno de ellos.

La decisión de hacer el conjunto en vidrio no responde solo a premisas formales y funcionales. Resulta de un largo trabajo de investigación en el que participaron el fabricante de vidrio Tecnoglass y la asesora bioclimática Marcela de la Roche: “El área de energía solar, dependencia de la fábrica encargada de temas relacionados con sostenibilidad ambiental, apoyó el desarrollo de sistemas de aireación adaptados a los requerimientos de cada uno de los ecosistemas que conforman el proyecto”. 

La estructura del Tropicario

En conjunto son seis edificios llamados ecosistemas, que corresponden a los cinco ecosistemas representativos de Colombia, y un Biodiversario, que alberga colecciones vegetales itinerantes. Este último fue diseñado como un espacio para acoger especies exhibidas de manera temporal en el Jardín Botánico. Sin embargo, con el paso del tiempo adquirió nuevas funciones y hoy es también un lugar donde se realizan múltiples actividades.  

Dado que cada ecosistema es único se requiere una serie de condiciones ambientales específicas, por lo que fue necesario diseñar sistemas de ventilación adaptados a las particularidades de cada uno de los hábitats. Así, por ejemplo, en el Bosque Húmedo, contenido en el volumen más grande, se desarrolló un sistema de cámara de aire que permite graduar la temperatura y humedad hasta alcanzar los niveles ideales para estas especies. 

“Los otros ecosistemas se construyeron por medio de láminas monocapa de vidrio. Estas, articuladas con un sistema de ventanería automatizada cuya orientación permite mitigar las corrientes de viento. En estos espacios la temperatura se regula mediante exclusas. Las que se abren y se cierran durante el día y la noche en función de las necesidades medioambientales”, señala Cabal. Las puertas, automáticas también, impiden el intercambio de temperaturas de un espacio a otro. Adicionalmente, se instalaron dispositivos de riego en el interior. 

En un plano conceptual, los arquitectos se apoyan en la tradición constructiva comenzada en 1851, en Londres, con la construcción del Palacio de Cristal. Este edificio destinado a la Exposición Universal celebrada ese mismo año, que significó un hito en la historia de la arquitectura moderna. Esta referencia es importante para los autores de esta obra, que entienden el vidrio más allá de sus aspectos tectónicos. A través de la piel del Tropicario se descubren sus cualidades sensibles de transparencia y luminosidad.

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