El reto para la firma Bord Architectural Studio , encargada de este proyecto en Hungría, consistió en diseñar una bodega moderna y atractiva, centrada principalmente en vinos blancos frescos y secos, y espumosos. El edificio también debía albergar la hospitalidad y la gastronomía, para transformarlo en un auténtico destino turístico. La ubicación —un terreno elevado en medio de los asentamientos más importantes de la región vinícola de Tokaj-Hegyalja— fue tanto inspiración como desafío. “El objetivo fue crear una estructura aparentemente inverosímil, que estuviera ahí, pero que fuera físicamente independiente de su entorno”, comenta Péter Bordás, arquitecto jefe del proyecto. Por esto, el concepto arquitectónico se inspiró en lo intocable: la vista de los viñedos ondulantes. El objetivo era que el edificio pareciera una forma delicada que flota sobre el paisaje. El diseño del edificio Situada en la ladera sur de Padi Hill, la bodega se define por dos volúmenes lenticulares de 36 metros de ancho que se intersecan. Estas estructuras, elevadas y visibles, son de libre acceso para los visitantes, mientras que las áreas funcionales que requieren temperaturas estables, como la fermentación y el almacenamiento, se encuentran bajo tierra. Los volúmenes lenticulares, de estructura elevada y visible, son de libre acceso para los visitantes. Por su parte, las zonas que requieren temperaturas controladas están bajo tierra. En las naves circulares de fermentación, los tanques de acero inoxidable se disponen concéntricamente, alrededor de una zona central de envejecimiento, en barricas de madera. Sobre esta área, el restaurante y el bar ocupan las estructuras lenticulares flotantes, sostenidas por esbeltas columnas de acero. La ilusión de levitación se ve reforzada por la manera en que la luz del sol se desliza por la parte inferior de las formas suspendidas. La entrada se integra discretamente en la pendiente del terreno y permite que la arquitectura tenga un impacto continuo. Los huéspedes acceden a un íntimo espacio de transición que se extiende hasta el vestíbulo, desde donde un pasillo con claraboya conduce a las principales zonas de visitantes y a la terraza panorámica. En el interior, los altos techos curvos del restaurante y el bar se estrechan en dirección a la vista, atrayendo la mirada hacia el exterior. Al acceder a la terraza, la inmensidad del paisaje se despliega ante los ojos y, a la vez, crea una potente experiencia sensorial. Los interiores de las zonas de visitantes, diseñados por la firma Tihany Design, están inspirados en las tradiciones vitivinícolas de la región. Superficies de madera natural, revestimientos de piedra caliza local y detalles de acero generan un ambiente refinado y acogedor. La paleta de materiales refleja la esencia del viñedo: atemporal, natural y elegante.
