La sorprendente nueva área de un colegio en Ibagué, Tolima construida sobre un bosque tropical

Por FUENTE: EL BUEN OJO
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Marzo
25 - 2021
Crédito de la foto: FOTOGRAFÍA: MÓNICA BARRENECHE, CORTESÍA CRUZ DE LA PAVA
Dos volúmenes que parecen flotar dentro de un bosque tropical son el epicentro de un novedoso proyecto educativo en Ibagué, Tolima.

Educación y arquitectura constructivista. Dos conceptos que se entrelazan en este proyecto del estudio de diseño colombiano Cruz de la Pava, que para llevarlo a cabo requirió un proceso de aprendizaje en todo el sentido de la palabra. Se trata del área de inteligencia emocional del colegio San Bonifacio de las Lanzas, en Ibagué, Tolima. Un lugar que brinda las condiciones para que los estudiantes puedan desarrollarse como seres humanos completos, además de fortalecer el pensamiento creativo y colectivo. Un edificio tanto funcional como emocional.


Los módulos están conectados visualmente con la naturaleza circundante.

“Empezamos a indagar en qué consistíanlas emociones del ser humano, mindfulness, yoga, meditación, crecimiento espiritual y cómo, desde nuestro campo, podíamos crear ese ser completo”, comenta Camilo Cruz, diseñador de Cruz de la Pava. “Hicimos un listado de los objetivos. Seres más ecuánimes, menos violentos y reactivos, que fueran más proactivos. Trazadas estas determinantes nos preguntamos cómo podíamos componer un lugar que cumpliera con esto. Entonces dividimos el espacio en dos áreas: una es la de pensamientos y reflexiones; la otra, de emociones y sensaciones”.

Dos universos conectados e independientes a la vez, así se pueden vivir las estaciones que componen el edificio. “En un principio planteamos un espacio enorme con una forma poligonal y sin divisiones”, agrega Felipe de la Pava, arquitecto del proyecto. Con el tiempo descubrieron que era necesaria la separación para generar diferentes estados dentro del desarrollo de los estudiantes. “Nos inclinamos por materiales que dieran la sensación de amplitud y transparencia, como el vidrio y el metal, para conectar visualmente con la naturaleza circundante, sin perder la intimidad de un sitio con propósito”.

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Si bien los dos volúmenes funcionan como espacios independientes –cobijados por paneles solares que dan energía al aire acondicionado y a los sistemas de iluminación–, se debe recorrer uno para llegar al otro. El ingreso se realiza por el dedicado al pensamiento, que invita a tomarse su tiempo. Es un entorno para recorrer descalzo, que dirige a un gran salón con ventanales de 3,20 metros de altura. Allí, tonos azul petróleo y verde plomo dominan el ambiente; según Cruz de la Pava, esta gama aumenta la comprensión de lectura.

El mobiliario, también a cargo de la firma, distribuye diversas estaciones. En este diseño hay desde muebles comunales para los puestos de trabajo, hasta pufs móviles con formas de piedras de río –que rememoran lo natural–, pasando por cabinas semicerradas, ideales para procesos que requieran más privacidad. Todas las piezas están ubicadas estratégicamente dentro del área. “La iluminación en el techo no fue algo lineal, se plasmó en el espacio para hacerlo más dinámico –menos rígido–, parecen estrellas”.


Las cabinas semicerradas están pensadas para actividades que requieran más privacidad.

Este paso por la primera estación es importante para bajar las revoluciones, pues la transición de un lugar al otro es un punto clave. Utilizaron los principios de un jardín zen y los adaptaron a la vegetación circundante en un corredor abierto y dinámico, como antesala del ingreso al volumen diseñado para lo físico y las emociones. “Este es un lugar de conexión con el mundo exterior, un espacio flotado”, narra Camilo Cruz. “Flotado” no es una analogía, es literal. En este volumen dedicado a las emociones físicas –inspirado en la casa Farnsworth, de Mies van der Rohe– una sala abierta, multifuncional y generosa, de visuales que enmarcan la riqueza natural de la región, brinda el ambiente ideal para explorar la mente a través del cuerpo. “Es como un gran salón de yoga en medio de un colegio”, explican. Al ser concebido para la experimentación, para lo físico, materiales cálidos como la madera, el fique y el paño en tono rosa cobran protagonismo.

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La arquitectura propuesta por Cruz de la Pava es fluida y cohesiva. Esta estructura no solo amarra los dos volúmenes, sino que, al mismo tiempo, propone una estética limpia y minimalista, ideal para despejar la mente. “No buscábamos un proyecto de tendencia. Queríamos llegar a la esencia de un espacio sin ornamentos y encontramos que lo más puro era la geometría básica”, afirma Cruz. “Al final quisimos lograr una mimesis entre este esqueleto metálico estructural, vestido de vidrio, con todo el ambiente que lo rodea”, finaliza De la Pava.


El metal y el vidrio fueron elegidos por los arquitectos para dar la sensación de amplitud y transparencia.

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