Modernismo Brasilero

Por Fotografía: Leonardo Finotti Texto: Gabriel Hernández
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Junio
13 - 2014
Una franja de terreno de cerca de 34 metros de largo por 4 de ancho le da lugar a una casa insospechada, merecedora de varios reconocimientos. Un diseñó de Procter : Rihl en un barrio residencial de Porto Alegre, Brasil.

Veinte años permaneció vacante un lote en un agradable barrio residencial de Porto Alegre, capital del estado de Rio Grande do Sul, al sur de Brasil. El retazo de terreno, que resultó de una intervención vial, salió a subasta pública tres veces hasta que finalmente una maestra de historia se decidió a comprarlo con la idea de hacer allí su casa. Con la experiencia de remodelaciones y adecuaciones de espacios anteriores, la académica, de 65 años, determinó un programa arquitectónico sencillo que incluía una zona social, cocina, patio interior, una alcoba y un garaje; luego contactó a Fernando Rihl, arquitecto brasilero radicado en Londres, y a su socio,Chris Procter, arquitecto y diseñador de muebles. Ambos con formación cosmopolita y visión internacional de su práctica profesional.
Procter : Rhil, firma establecida en 1995, desarrolló en Londres los planos adaptando el programa de 210 metros cuadrados a un esquema lineal, semejante a un barco. Por el extremo más estrecho, de 3,85 metros, se entra a la zona social que se integra con el comedor y la cocina. Sobre placa de concreto de la entrada está una pequeña piscina que se ve desde la sala a través de un vidrio estructural. A la dueña le encantan los visos ondulantes de la luz cuando pasa a través del agua, además del curioso placer que ofrece un acuario en el que ocasionalmente nadan seres humanos.
Entre la cocina y el área de servicios, contigua al garaje, se abre un patio que ilumina y ventila el interior de la casa. Este espacio abierto, aunque protegido con una estructura translúcida de acero, obedece al requerimiento municipal de dejar sin construir 25% del área del lote. El extremo más ancho, de 4,83 metros, se aprovechó para ubicar el garaje para dos automóviles.

En el segundo piso, al que se sube por una escalera de metal plegado paralela al mesón de acero de la cocina-comedor, se encuentran un espacio para huéspedes –aporte al programa de los arquitectos– y una terraza con la pequeña piscina, rodeada por un deck de madera de ipé, a la sombra de las ramas de un florido flamboyán que crece en la calle. Una pasarela cruza el patio para llegar al nivel sobre la zona de servicios y el garaje, donde se encuentra la alcoba principal, con vestier y un amplio baño.

nome do projeto
Para la propietaria, el concreto fundido en sitio, el material elegido para la construcción, remite a la modernidad brasilera tan influida por Le Corbusier desde su primera visita al país en 1929, y adoptada con entusiasmo por las figuras icónicas de la arquitectura carioca, desde Óscar Niemeyer y Lucio Costa, hasta Roberto Loeb y Paulo Mendes da Rocha. La estética brutalista adquiere en esta casa una escala íntima y personal, rica en detalles y texturas como la huella de la madera de los encofrados en el concreto de los muros y las placas, trabajados con esmero por unos contratistas especializados en la construcción de estaciones de servicio.
Al rescatar las raíces del expresionismo formal brasilero, la dueña critica la actitud actual de sus vecinos de clase media quienes, en términos estéticos, están dirigiendo su mirada más bien hacia Miami. No obstante, su aspecto industrial y su geometría de quiebres y cubierta de planos plegados, la casa se integra con el barrio mediante un generoso diseño paisajístico que aprovecha el jardín de la entrada y la franja de 1,20 metros sobre el largo frente de 38 metros para ambientar la construcción con el entorno al plantar especies nativas y exóticas adaptadas al clima subtropical húmedo de la ciudad.
Conocida como la Slice House, o Casa Tajada, esta obra ha causado un gran impacto y ha cosechado numerosos reconocimientos y nominaciones como el RIBA Worldwide Award 2005 y además fue la seleccionada para representar a Brasil en la IV Bienal de Arquitectura Latinoamericana celebrada en Lima en 2004.
Algunos se preguntan si una casa diseñada por un estudio en Londres, a 10.348 kilómetros de Porto Alegre, puede catalogarse como “arquitectura brasilera”. Si se tiene en cuenta la reinterpretación de los principios del modernismo, la adaptación del diseño a los sistemas de construcción y a la pericia de la mano de obra local, el acatamiento de las normas urbanísticas de la ciudad, el uso de la expresividad material del concreto y la incorporación de toques de inspiración como una piscina transparente, una geometría variable que recuerda el ritmo sincopado de la bossa nova, y una vegetación íntimamente incorporada al diseño, efectivamente nos encontramos ante un auténtico producto “made in Brasil”.

View of the pool area

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//revistaaxxis.com.co

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