La restauración de una casa en Pereira que se mezcla con la arquitectura tradicional española

Por Rodrigo Toledo, arquitecto y profesor asistente de la Universidad Pontificia Bolivariana
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Junio
21 - 2021
Crédito de la foto: Paul Renaud - cortesía: Héctor Restrepo
Una residencia en mal estado fue el punto de partida para este proyecto. Lo que antes eran espacios cerrados son ahora áreas vinculadas con su entorno, gracias a una intervención que respetó sus orígenes.

Héctor Restrepo es un arquitecto colombiano radicado en Barcelona, España, desde 1995. Su obra reúne las maneras de habitar contemporáneas con las expresiones constructivas y tipologías tradicionales. Una revisión del trabajo de Heres Arquitectura, su despacho, muestra edificios que se insertan en el entorno desde el reconocimiento de la cultura y el paisaje urbano locales. Esta casa, ubicada en Pereira, Risaralda, sigue este modo de operar, pues su arquitectura surge de una sensibilidad atenta a la historia de las construcciones en el trópico.

Luego de buscar un lugar en Colombia para levantar una vivienda, el cliente –de nacionalidad española– decide adquirir un predio en la zona de Cerritos. En el sitio había una residencia construida en la década de 1980, cuyo evidente deterioro hizo ineludible reformarla y ampliarla para satisfacer las necesidades de sus nuevos habitantes. La apuesta central del proyecto arquitectónico consistió en transformar los ambientes cerrados de la obra original en espacios abiertos, vinculados con el paisaje y el clima. Su superficie de 280 metros cuadrados se amplió a 600, incluidas las áreas bajo el cielo.

Esta residencia disfruta de iluminación y ventilación naturales, gracias a sus fachadas abiertas.

Diseño y arquitectura

Una de las estrategias de Restrepo radicó en alargar ambos extremos de la planta rectangular de la casa existente para contener las estancias en un solo nivel y que cada una de estas tenga una relación directa con el entorno, mediante ventanas controladas en las habitaciones y ventanales de piso a techo en los ambientes sociales. Otra fue extender la cubierta para resguardar las partes nuevas, pero también para crear un alero generoso que protege del sol al interior y que, al mismo tiempo, define un corredor exterior delimitado por columnas de madera, que se orienta hacia la piscina.

El uso de materiales propios de la tradición arquitectónica local hace que la atmósfera de la casa recuerde las haciendas del pasado.

La distribución de la vivienda gira alrededor del salón y el comedor, ubicados en el centro, desde donde se acomodan tres alcobas hacia un lado y la zona de servicios hacia el otro. Las fachadas transparentes de esta área central producen una permeabilidad visual que atraviesa completamente el espacio.

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La pintura blanca, aplicada en paredes y cielos, contribuye a la percepción de amplitud del espacio.

Por su parte, diseñó la cocina teniendo como referencia los comedores de las plazas de mercado españolas, con un mesón revestido de piezas cerámicas. Separó la habitación principal del resto de ambientes por medio de un pequeño espacio de transición, delimitado por un muro calado. Para entrar en ella hay que cruzar primero el baño, que hace las veces de umbral y se anima con una jardinera a nivel de piso y una claraboya circular descubierta que permite ingresar la lluvia.


Un muro calado filtra la luz del sol y crea un efecto de movimiento al interior. Este, a su vez, refresca el ambiente al promover el flujo de aire.

Ya en la alcoba, una escalera de caracol conduce a un semisótano que aprovecha la pendiente del lote y contiene un estudio privado. Las fachadas de ladrillo a la vista fueron reemplazadas por muros revocados y pintados de blanco, mientras los pisos de toda la casa se hicieron en tabletas de ladrillo sin vitrificar.

Las puertas y los mesones de madera contrastan con las paredes interiores, también blancas, y el mobiliario pasa a un segundo plano para no competir con la espacialidad de la residencia. Una materialidad sencilla y austera permite que los cambios en la luz durante el día se perciban en el interior y bañen las superficies neutras de la arquitectura.

Este proyecto recupera una estructura deteriorada y en desuso para que se pueda volver a ocupar. Restrepo es capaz de leer entre líneas el potencial de lo existente para proponer una morada que remite a las haciendas de la colonia española en Colombia y que establece nuevos vínculos con el entorno, donde lo anodino se transforma en un lugar para vivir en medio de la vegetación tropical del Eje Cafetero.

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El corredor de la casa, que se convierte en un espacio de transición entra la zona social y la alcoba principal, garantiza así la privacidad de los habitantes.

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