En Manizales (Caldas), el estudio Forma Taller de Diseño asumió el reto de transformar un apartamento de 200 metros cuadrados que se ubica en un edificio con 35 años de historia. La propiedad, construida con las características de su época, tenía en su interior ambientes fraccionados, circulaciones poco fluidas y una débil conexión entre las diferentes áreas del hogar. El requerimiento de los propietarios era unificar los ambientes y adaptarlos a las necesidades actuales de la familia, manteniendo un diálogo con la memoria y los elementos que han acompañado la historia del lugar. La remodelación del apartamento Sergio Arias Osorio, arquitecto y director general de Forma Taller de Diseño, comenta que “el diseño partió de la conservación de esas piezas con alto valor sentimental, como las franjas de mármol en el piso, un vitral, ornamentos y mobiliario cargado de significado», lo que hizo la firma fue integrar todo esto a una nueva espacialidad que conecta la cocina, el comedor y la sala, sin perder el vínculo con el pasado. Para resolver la necesidad de incluir un área de estudio, el mobiliario, también diseñado y materializado por Forma Taller de Diseño, se convirtió en un recurso arquitectónico: una biblioteca que, por un lado, funciona como escritorio y almacenamiento, y por el otro, como soporte para la sala con televisor, sonido y decoración. Este elemento central enmarca el vitral, otorgándole un lugar protagónico. Mientras tanto, en el piso se conservó la franja de mármol solicitada por el cliente, integrándola a un diseño en espina con madera de teca. El resultado es un cruce armónico entre tres materiales que dialogan entre sí. Otro punto clave fue el bar, que actúa como división y filtro entre el baño social y el salón, sumando a la obra funcionalidad y carácter. Detalles del diseño de la obra El apartamento, ubicado en un octavo piso, goza de amplias visuales sobre la ladera de Manizales. Para no interrumpir y aprovechar la continuidad visual, se optó por luminarias adosadas al cielo raso, lámparas puntuales y luz indirecta. La personalidad de la propietaria, marcada por el gusto por los colores intensos, también se tuvo en cuenta en el diseño. La paleta combina tonos primarios como verde, amarillo y azul con maderas de teca y nogal, equilibrados con paredes en tonos neutros que aportan serenidad. El mayor reto en este proyecto fue modernizar el apartamento respetando su historia. El resultado es un espacio que refleja la identidad de quienes lo habitan, conserva elementos significativos y propone una distribución más abierta y funcional. Un apartamento que invita a una conversación entre lo que fue y lo que es.
