Un colegio en Bogotá con una arquitectura pública de calidad

Reinterpretando el tradicional claustro, este colegio en Bogotá distribuye su programa en cuatro edificios separados por tres patios para ofrecer áreas vinculadas con el exterior. Sus terrazas son habitables.

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El claustro es quizá el tipo edificatorio más utilizado en colegios y escuelas. Originalmente propio de los conventos y monasterios, se trata de una construcción de planta rectangular con un patio central, rodeado por corredores que agrupan espacios –salones o habitaciones– de manera perimetral. 

Un colegio en bogotá con una arquitectura pública de calidad
Un colegio en Bogotá con una arquitectura pública de calidad

Esta forma de organización espacial permite construir edificios volcados hacia un ambiente exterior que es también interior –el patio–, sin importar cómo sea el contexto inmediato a la construcción. Sin embargo, de igual manera crea un lugar encerrado. Donde todas las estancias miran al mismo centro y se relacionan con el afuera mediante ventanas pequeñas. 

Un colegio en bogotá con una arquitectura pública de calidad
Un colegio en Bogotá con una arquitectura pública de calidad

Cuando la Alcaldía de Bogotá, a través de la Secretaría de Educación Distrital encargó a la firma bogotana aRE-Arquitectura en Estudio y a la peruana Nómena Arquitectura el diseño de la Institución Educativa Laura Herrera de Varela, ubicada en Bosa, los arquitectos plantearon un colegio que recogiera los valores espaciales del claustro, pero los reinterpretara con el propósito de desdibujar la sensación de encierro y ofrecer múltiples áreas vinculadas con el exterior.

Distribución de la obra

El lote designado para la construcción, un rectángulo con 22 metros de frente y una profundidad de 180, atraviesa de lado a lado una manzana consolidada por inmuebles residenciales. Esto condicionó el proyecto de tal forma que su programa se agrupa en cuatro edificios separados por patios. La configuración del claustro se multiplica aquí para generar una arquitectura que propone una secuencia de estancias interiores articuladas por vacíos. 

Los tres patios que resultan de esta operación fueron diseñados como áreas de apoyo y recreación. Así, uno de ellos tiene una cancha deportiva, mientras que los otros dos –contiguos a los salones de preescolar y primaria– fueron definidos como espacios para el juego y el encuentro. 

Un colegio en bogotá con una arquitectura pública de calidad
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Un sistema de corredores y escaleras conecta los edificios y anima los patios para lograr un recorrido que atraviesa la planta de extremo a extremo. A la vez, conecta los diferentes niveles del proyecto hasta llegar a las terrazas habitables, donde aparecen plazas para el uso colectivo de la comunidad académica y una segunda cancha. 

Si el modelo del claustro original produce una arquitectura introspectiva, aquí se aplica y se modifica para desdoblar el lote y ganar espacios lúdicos y de socialización. En palabras del arquitecto Camilo Garavito, de aRE, “estar encerrados no es bueno para aprender”. A escala urbana, el proyecto se retrasa para disponer una plazoleta de acceso. Al igual que los patios interiores, propicia el encuentro, esta vez para la comunidad del barrio. 

Los materiales usados

El concreto a la vista y el ladrillo dominan la paleta de materiales, pues son ampliamente disponibles y garantizan un mantenimiento mínimo en el tiempo. El primero es utilizado en la estructura portante del complejo y se muestra en los bordes de las placas.

Un colegio en bogotá con una arquitectura pública de calidad
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También lo usaron en los corredores y escaleras que conectan los volúmenes para darles a estos elementos una cualidad escultórica. Con el segundo construyeron las fachadas, donde experimentaron diferentes formas de aparejarlo. 

Un colegio en bogotá con una arquitectura pública de calidad
Un colegio en Bogotá con una arquitectura pública de calidad

La austeridad material de la obra va acorde con sus condiciones presupuestales y de mantenimiento, pero posibilitó que los arquitectos implementaran un sistema constructivo básico. Una arquitectura contundente que dignificara lo que suele entenderse como precario. 

Sobre los detalles y acabados del colegio

En los pisos de las áreas comunes usaron productos de la compañía Alfa para alto tráfico. En los corredores y escaleras utilizaron una baldosa prepulida de referencia Cuadrato gris. Esta, con un patrón reticular en relieve que ofrece agarre en las zonas expuestas a la lluvia. Además, se autolava, puesto que elimina la suciedad por medio de sus hendiduras. 

Un colegio en bogotá con una arquitectura pública de calidad
Un colegio en Bogotá con una arquitectura pública de calidad

En otros espacios, como los comedores, instalaron un piso de baldosas prensadas tipo terrazo. Este material genera una superficie homogénea, las juntas entre piezas se hacen con un emboquillado, también de Alfa, en el mismo tono de las baldosas. Además, permite recuperar el brillo de su superficie al ser pulido, lo que elimina la necesidad de cambiarlo con el tiempo.

Esta obra de aRE y Nómena reinterpreta el claustro para diseñar un colegio donde los espacios más importantes no son los salones de clase, sino lo que hay entre ellos. Propone una arquitectura intermitente entre el lleno y el vacío.

Reproduce la conformación de las manzanas autoconstruidas que le rodean y se adapta al lugar desde su emplazamiento y materialidad. Aquí las restricciones de contexto, presupuesto y mantenimiento dan origen a una arquitectura pública de calidad. La que desborda sus limitaciones y construye un mejor entorno urbano y social.

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