Una casa de descanso a las afueras de Medellín hecha de ladrillo, tejas de barro y vidrio

Por RODRIGO TOLEDO, ARQUITECTO Y PROFESOR ASISTENTE DE LA UNIVERSIDAD PONTIFICIA BOLIVARIANA
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Diciembre
22 - 2020
Crédito de la foto: MATEO SOTO PRODUCCIÓN: ANA MARÍA ZULUAGA
Esta vivienda de 800 metros cuadrados, resuelta en un único nivel, invita a ser descubierta a través de una arquitectura que reinterpreta las maneras del pasado por medio de las técnicas del presente.

Esta casa diseñada por la firma Zapata & Santamaría Arquitectos recoge muchas características de las construcciones tradicionales heredadas de España. Al mismo tiempo, sus materiales suponen una arquitectura actual. El uso extensivo de estructuras metálicas expuestas y grandes superficies de vidrio se combina con el ladrillo y la teja de barro. Esta obra, que contó con Juliana Ruiz como arquitecta encargada, reinterpreta las maneras del pasado desde las posibilidades técnicas de hoy.

Con más de 800 metros cuadrados, construyeron la casa en un lote de Llanogrande, en las afueras de Medellín. La imagen del proyecto está determinada por sus techos a dos aguas y por los muros de ladrillo a la vista. Los tonos tierra claros de la teja y la mampostería generan un fondo neutro tanto al interior como al exterior, mientras contrastan con el verde de la vegetación cercana.

Sus volúmenes se extienden por la parcela de tal forma que la vivienda está resuelta en un único nivel. Esto, además, permite configurar ambientes mediante jardines asociados a cada parte de la casa. La ausencia de una visual lejana dio pie a esta estrategia de emplazamiento, en la que, en lugar de buscar el paisaje, este se crea con la arquitectura.

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El acceso está diseñado para invitar a los habitantes y visitantes a hacer un recorrido por un patio exterior antes de ingresar. En él, un estanque que refleja el cielo remata en una torre con un reloj de sol, diseñado por el arquitecto Mauricio Zapata. Este gesto, que remite a las haciendas que se construyeron hace siglos en nuestro país, configura la entrada a esta residencia bajo el movimiento de la luz solar.

Sobre uno de los costados del patio aparece la puerta que da paso a la zona social. Allí el salón y el comedor se integran a una terraza cubierta por una marquesina. La chimenea, que calienta estos espacios, ofrece la oportunidad de ser utilizada desde el interior y el exterior. La cocina está en un extremo y, mediante puertas de madera y vidrio esmerilado, se puede abrir o cerrar para unirse con el comedor o aislarse de él según se requiera.

El volumen de dormitorios aparece como una galería de 33 metros de longitud. El corredor que comunica las alcobas remata en un estar familiar, iluminado por un ventanal. En el extremo opuesto, la habitación principal disfruta de una pequeña terraza esquinera; su baño y vestier rompen la estructura para generar una zona húmeda que contiene un jacuzzi bajo la sombra de una pérgola de madera. Los cuatro cuartos para los hijos se distribuyen de forma lineal, cada uno con salida hacia el jardín.

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Este proyecto propone una arquitectura que mira hacia el pasado para encontrar recursos espaciales y tectónicos, pero también promueve una forma de habitar que privilegia el movimiento. Invita a ser descubierto y recorrido en toda su extensión. Sus pasillos se animan con vegetación y conectan los ambientes bajo los techos inclinados de madera y acero. Es una casa para deambular, atravesar y quedarse en sus terrazas. ■

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