Caminar por la Unidad Deportiva Atanasio Girardot es sumergirse en todo una experiencia. Entre el Cerro Nutibara y el Cerro El Volador, dos hitos naturales que enmarcan el Valle de Aburrá, el complejo deportivo se despliega como una topografía artificial donde la arquitectura dialoga con el paisaje.
Su diseño, por las firmas El Equipo Mazzanti y Plan B Arquitectos, traduce la fuerza del relieve montañoso en una estructura de acero ligera y dinámica.
Este espacio es una extensión viva del tejido urbano. La obra da la sensación de estar entre adentro y afuera pues la envolvente perforada del edificio deja pasar la luz y el aire, borrando los límites. El diseño de la Unidad Deportiva Atanasio Girardot “Nuestro proyecto entiende lo interior y lo exterior, lo edificado y lo abierto, de manera unificada.

El espacio público exterior y los coliseos se plantean en una relación espacial continua, gracias a una gran cubierta construida a través de unas extensas franjas de relieve, perpendiculares al sentido principal del posicionamiento de los edificios».
«Los cuatro coliseos funcionan de manera independiente, pero desde el punto de vista urbano y espacial se comportan como un gran continente edificado con espacios públicos abiertos, espacios públicos semi-cubiertos e interiores deportivos”, dicen los arquitectos.
La arquitectura de la Unidad Deportiva Atanasio Girardot
Esta idea de continuidad espacial se traduce en un sistema estructural que recuerda un esqueleto o un bosque urbano. La cubierta metálica genera una secuencia de franjas que se repiten a lo largo del complejo, evocando las ondulaciones de las montañas del Aburrá.
En su base, tríos de columnas metálicas sostienen la estructura y definen zonas de graderías y circulación. Cortesía Acesco.

La eficiencia constructiva es otro rasgo clave del proyecto: las cerchas se ensamblan en módulos prefabricados, montados con grúas simples, lo que reduce tiempos y costos. Sobre ellas, placas de fibrocemento y membranas de PVC en tres tonos verdes cubren la estructura, integrándola visualmente con el paisaje vegetal que la rodea. Los cuatro escenarios deportivos están hechos con estructuras metálicas de la marca colombiana Acesco.
Durante el día, la luz se cuela suavemente a través de los cerramientos laterales en policarbonato opalizado, evitando el uso de iluminación artificial y reforzando el carácter bioclimático del diseño.
De noche, la situación se invierte: el interior iluminado proyecta su resplandor hacia el exterior, envolviendo el espacio público en un aura de contraste y movimiento.
La Unidad Deportiva Atanasio Girardot es, sobre todo, un lugar de encuentro social. Se trata de una arquitectura que es paisaje. Su versatilidad permite que los espacios se abran o se cierren según el evento, convirtiéndose en una infraestructura flexible que entiende al deporte como parte del tejido urbano.
