EAMES LOUNGE CHAIR

La mezcla de funcionalidad y estética con un inconfundible tono americano caracteriza este diseño orgánico de los cincuenta que se mantiene vigente hoy.

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Detrás de este mueble clásico de lujo, de los diseñadores progresistas Charles & Ray Eames, se encuentra una apasionante historia del mundo del diseño industrial del siglo XX, empezando porque uno de los principales aportes de la Eames Lounge Chair, creada para la firma Herman Miller, fue el moldeado de la madera contrachapada con complejas curvas y la aplicación de un proceso de soldadura cíclica eléctrica creada por la Chrysler Corporation.

Esta chaise longue con reposapiés fue concebida en 1956 como un regalo de cumpleaños para Billy Wilder, director de cine y productor estadounidense de origen austriaco. Expertos aseguran que los Eames se inspiraron en el clásico sillón de club inglés para lograr su diseño: una estructura de palo de rosa moldeado con un almohadón relleno de plumas y un acolchado en goma espuma forrado en cuero, que descansa sobre un pie giratorio de aluminio.

El confortable mueble se convirtió rápidamente en un símbolo de la modernidad y, por su carácter masculino, se transformó en un objeto de poder que cobró su lugar en oficinas y despachos en 1958. Además, el alto precio de la unidad para la época (634 dólares) la convirtió en una pieza para la élite de la sociedad.

Fue la primera silla de los Eames diseñada para un mercado de alta cualidad. Ahora, ejemplos de este mobiliario no solo se comercializan, sino que hacen parte de museos como el Moma, en Nueva York, y el Instituto de Arte de Chicago. Desde su introducción, la silla ha estado en la producción continua de Herman Miller.

Detrás de los creadores

La tendencia estilística que marcó el matrimonio constituido por el arquitecto Charles Eames y la diseñadora y pintora Ray Kaiser es conocida como diseño orgánico. Esta se basa en el principio de “favorecer las formas abstractas derivadas del cuerpo humano y de la naturaleza”, según el libro A Century of Design, de Penny Sparke. Se enmarca en lo que se conoce como neovanguardismo, en la época del diseño industrial de posguerra. Su consigna para diseñar era “obtener lo máximo de lo mejor para el mayor número de personas por lo mínimo”, según Charlotte y Peter Fiell, autores de varias publicaciones de diseño.

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