Hilos en el espacio

Máximo Flórez estudió Arquitectura en la Universidad Nacional, sin embargo se ha dedicado al arte, una disciplina que asegura va de la mano de su profesión.

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En el taller de Máximo Flórez se escucha la guitarra de John Scofield. Las ventanas están cubiertas para poder proyectar los videos en los que trabaja, sobre dos mesas reposan los materiales que lo han acompañado siempre: papel, madera, hilo, cemento, alambre, vidrio y algunos lápices. También hay una mata de ruda y una de sábila, pero él dice que desde que llegó al estudio han estado ahí y que las conserva porque ayudan a limpiar el lugar.

 

El espacio permanece en orden, los objetos parecieran estar ubicados estratégicamente. A la entrada se encuentra un museo ambulante y desarmable cuyos compartimentos de llamativos colores invitan a ver diminutas salas de exposición y diferentes auditorios que proyectan videos.

Otro camino

Hijo de artistas, Máximo creció en una casa taller en Bucaramanga. Todo apuntaba a que se inclinaría por el camino del arte, sin embargo decidió estudiar Arquitectura por esa fascinación que sentía por los espacios y por el proceso que implicaba la construcción de un objeto. El deseo también surgió de la admiración que le producía el trabajo de Eduardo Chillida y Eduardo Ramírez Villamizar, en cuya escultura encontró la maqueta de posibles construcciones.

Otra de sus grandes influencias la descubrió en la Universidad Nacional cuando conoció la obra de Jesús Rafael Soto. “Él ha sido muy importante por varias razones. Su actitud frente a la vida y la creación me tocó. Su trabajo va hacia la lúdica y termina convirtiéndose en arquitectura”, asegura Flórez.

Con la obra de Soto también surgió el interés por el hilo, un material con el que ha desarrollado gran parte de su obra, y una inclinación por la lúdica que comenzó a manifestarse en su tesis, la cual planteaba la creación de una escuela de artes circenses en el Parque Nacional que no descarta poder construir algún día.

En octavo semestre, luego de participar en diferentes talleres de arte, concursos y convocatorias, supo que se dedicaría al arte. Hoy siente que ambas disciplinas se complementan. “En el proceso artístico hay más elasticidad y otro tipo de búsqueda, así que veo muy gris esa separación entre arte y arquitectura”.

En 2005, debido a un accidente automovilístico que le afectó la mano derecha, descubrió en el video otro medio de expresión que le facilita mostrar el proceso constructivo de los objetos. Sin embargo, no abandona el hilo, ese material con el que continúa creando frágiles estructuras que generan tensiones, que hablan del vacío. Que le permite dibujar, como él dice, en el aire.

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