Han pasado más de veinte años desde que se inauguró el parque de los Deseos en Medellín. Hoy se mantiene vigente y actual, gracias a que cumple a cabalidad su propósito: revitalizar un sector de la ciudad que estaba deprimido. “Yo lo diseñaría igual hoy en día, porque tras dos décadas está demostrado que lo que queríamos hacer con el parque se cumplió. Todas las estrategias funcionaron bien”, opina con la perspectiva del tiempo su arquitecto, Felipe Uribe de Bedout.

Uribe de Bedout explica que este proyecto es un articulador, porque conectó varios espacios que estaban cerrados hacia sí mismos, como el Jardín Botánico, el Planetario y el parque Norte, que aun cuando estaban destinados a la recreación, no eran propiamente públicos. Tras la renovación del sector —que incluyó eventualmente la construcción del parque Explora, también destacado en la presente edición de AXXIS—, todos estos lugares se relacionan entre sí. Uno de sus retos era integrar lo nuevo con lo existente.

Otro equipamiento que dialoga con el parque de los Deseos es el campus de la Universidad de Antioquia, que queda justo al lado. “Lo que en algún momento era uno de los sitios más peligrosos de la ciudad se convirtió en un generador de cultura cívica. Algo que empezó a suceder es que los estudiantes pasaban al parque para estudiar al aire libre”.
El diseño del Parque de los Deseos
En el diseño se incorporaron planos inclinados y una materialidad cuidadosamente seleccionada, así como un sistema de agua integrado al recorrido. A lo largo del parque se colocaron cerca de doce dispositivos pedagógicos, desarrollados por varias universidades, con el propósito de convertir cada tramo en una experiencia de aprendizaje. La gran plaza inclinada funciona como anfiteatro, pero sin su forma tradicional: es un espacio flexible, capaz de albergar todo tipo de eventos y dinámicas colectivas.

Esa inclinación invita a sentarse, conversar, comer o mirar las estrellas, un uso que se pensó específicamente para complementar las actividades del planetario. Que esta última acción se dé es también prueba de la transformación del sector: “Acostarse en el piso a observar el cielo es algo que solo puede ocurrir en un lugar en el que uno se sienta completamente seguro. Por lo general, se hace en fincas, hoteles o playas privadas, pero no en la calle, en medio de un sector convulsionado de la ciudad”, opina Uribe de Bedout.
La apuesta era clara: llevar el conocimiento fuera de las aulas, al espacio cívico; encontrarse, aprender, cuidar la ciudad. Hacerlo sin restricciones. Este gesto —abrir, invitar, educar, permanecer en común— fue, sin duda, una propuesta radical.
