La arquitectura guarda la historia entre sus muros: los susurros del tiempo y los ecos de vidas pasadas. Los edificios no solo deben resistir el paso del tiempo, sino crecer con él. Quizás hemos insistido demasiado en pensar en ellos como obras finalizadas, como objetos que alcanzan su estado definitivo cuando concluye la construcción. Lo cierto es que, en el momento en que los habitan, se comienzan a transformar.