Este ambiente se vuelve soporte de la vida cotidiana al permitir que una familia que disfruta cocinar la habite de manera intensiva, al lado de amigos que tienen en este espacio un sitio para reunirse.
Maleza Jardín entiende el paisaje como un sistema vivo que articula relaciones entre especies, personas y territorio, a partir de una metodología que cruza lecturas ecosistémicas, afectivas y sociales.
La cocina del futuro no solo se enfoca en la sostenibilidad, sino que busca reforzar el sentido de comunidad y pertenencia que siempre ha caracterizado a este espacio.
Jimena Londoño y Laura Escobar, de Jotaele Arquitectura, construyen una práctica donde la exploración cromática y el respeto por las maestrías artesanales definen la forma de habitar.
Ubicado en República Checa, este conjunto de casas-estudio redefine la relación entre naturaleza, diseño y comunidad a partir de la recuperación del territorio.
Dos jóvenes arquitectos fundaron en el Cauca una firma que reivindica la guadua como material y que involucra a la comunidad mediante talleres y construcciones colectivas, apostándole a la arquitectura como herramienta de paz.
Conozca a Catherine Jessurum, la arquitecta que transformó un espacio cotidiano en un escenario flexible, explorando nuevas dinámicas sociales y materiales.
Para la directora creativa de Crearq, cada proyecto parte de una pregunta esencial: cómo traducir el alma de un lugar en una experiencia sensorial que conecte con el cuerpo, la memoria y la emoción.