En Colombia, pocas obras han logrado visibilizar el clima en una forma arquitectónica con la claridad del Tropicario del Jardín Botánico de Bogotá, diseñado por el estudio antioqueño DARP, dirigido por los arquitectos Jorge Buitrago y Jaime Cabal. Este conjunto de pabellones redefine la relación entre arquitectura y naturaleza, y propone un modo sensible de pensar y habitar el vínculo entre espacio y conocimiento.

La propuesta del diseño del Tropicario

Para DARP, el reto no consistió simplemente en diseñar un simple contenedor, sino un recorrido que hiciera visible la diversidad de ecosistemas tropicales del país. La idea de un trayecto continuo permitió entender la arquitectura como una secuencia de atmósferas, cada una con sus atributos particulares. “Fue nuevo para nosotros pensar un edificio de este tipo como un recorrido”, recuerda Buitrago, quien señala cómo esta noción se conecta con otras obras del estudio, como el parque Gran Colombiano.

Esa mirada, que entiende la arquitectura tropical como una extensión del paisaje, se inscribe en una tradición reciente de obras abiertas al entorno y al espacio público, que generan ámbitos intermedios entre interior y exterior en ciudades que históricamente han sufrido por seguridad o por climas fríos, como el bogotano. Estas estancias representan una actitud de apertura y vínculo con la vida ciudadana.

El paso del tiempo ha traído aprendizajes. Algunos tratamientos bioclimáticos, como los óculos, se transformaron para adaptarse mejor al funcionamiento del edificio, y ciertos detalles constructivos hoy se resolverían con mayor economía y precisión.

“Cada proyecto responde a un momento en la vida profesional de los arquitectos”, explica Buitrago, quien reconoce que la experiencia adquirida permitiría concebir hoy una versión aún más sencilla del Tropicario. Así, consideran importante pensar este tipo de obras como sistemas de fácil construcción, donde la geometría, la estructura y la materialidad viabilicen los procesos técnicos del sector público.

Desde el encargo, este proyecto nació con una vocación científica. Sin embargo, en su vida activa se convirtió en un espacio pedagógico y ciudadano, en el que los visitantes recorren los ecosistemas del país sin salir de la ciudad. El Tropicario no es solo una obra de referencia de DARP, sino un hito para la arquitectura colombiana contemporánea: un recordatorio del límite difuso entre el entorno natural y el ámbito construido.
