Un pabellón en Brasil flota entre los árboles

En el paisaje rural de Curitiba, un minimalista pabellón de madera y vidrio se integra de forma casi imperceptible al bosque, permitiendo que la luz, el viento y los sonidos del arroyo sean los verdaderos protagonistas de la experiencia espacial.

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A 35 kilómetros de Curitiba, en el distrito rural de Guajuvira, Brasil, el paisaje está formado por pequeñas parcelas agroindustriales que conviven con retazos del bosque atlántico. Entre cultivos familiares, manchones de vegetación nativa y la presencia constante de aguas superficiales que alimentan la cuenca del río Iguazú, sobrevive un ecosistema donde especies protegidas —como la imponente araucaria— se convierten en guardianes del territorio. Es en este contexto vivo, frágil y simbólico los arquitectos recibieron el encargo de diseñar un espacio para la relajación, la actividad física y el silencio.

Pabellón en brasil para relajarse
Un pabellón en Brasil flota entre los árboles

El desafío consistía en crear un refugio donde cuerpo y mente pudieran encontrar equilibrio sin quebrar la armonía natural del bosque. El cliente, seguidor de la tradición budista tibetana, tenía una premisa clara: la intervención debía generar el menor impacto posible en el suelo y en la vida que lo habita. 

Un pabellón en brasil flota entre los árboles
Un pabellón en Brasil flota entre los árboles

Desde armadillos hasta insectos, pasando por pequeños reptiles que se desplazan bajo la sombra de los árboles, todos debían continuar su tránsito natural sin obstrucciones. La arquitectura debía estar presente, pero casi sin hacerse notar.

La estructura del pabellón elevado 

Para responder a esta condición, el equipo de la firma YVA Arquitetura, optó por un sistema constructivo totalmente en seco. Nada de morteros, concreto o mezclas húmedas que contaminaran el entorno. El volumen —alargado, esbelto y propio de un pabellón— se apoya sobre vigas de baldrám de hormigón que lo elevan del terreno, manteniendo intacta la topografía original y liberando el paso de la fauna pequeña que habita la zona. Así, la arquitectura parece flotar, como si la propia naturaleza la hubiera sostenido para permitirle existir sin herirla.

Un pabellón en brasil flota entre los árboles
Un pabellón en Brasil flota entre los árboles

La implantación también responde a un criterio ambiental riguroso: la orientación del pabellón coincide exactamente con el único espacio libre sin árboles. No se taló ni una sola especie del bosque atlántico. Más que construirse en el paisaje, el proyecto se deslizó entre él.

Madera, vidrio y luz 

Una serie de pórticos de madera maciza de Itaúba —modulados cada tres metros y medio— estructura el volumen y define un ritmo que se percibe tanto en planta como en las fachadas. Estos marcos sostienen un cerramiento casi imperceptible: vidrio transparente que permite que la luz, filtrada por las diversas capas de vegetación, complete la arquitectura. El pabellón no compite con el entorno; lo refleja, lo prolonga y lo trae al interior.

Un pabellón en brasil flota entre los árboles
Un pabellón en Brasil flota entre los árboles

Con 74 metros cuadrados, el programa es sencillo pero significativo: una sala para actividad física, un espacio de meditación y una bañera adyacente al volumen blanco del baño. En ambos extremos, pequeños balcones extendidos conectan directamente con el bosque, convirtiéndose en umbrales entre interior y exterior.

Un pabellón en brasil flota entre los árboles
Un pabellón en Brasil flota entre los árboles

Tanto el piso como la cubierta fueron diseñados con espesores mínimos, suficientes para cumplir su función estructural sin generar peso visual. El resultado es una especie de cápsula transparente donde solo permanecen la madera, la luz y el viento.

Un refugio que respira con el bosque

Doce aberturas correderas —siempre enfrentadas entre sí— permiten que el aire circule libremente a través del pabellón. No hay climatización artificial: es la propia brisa la que regula la temperatura interior, enfriando o calentando el espacio según la hora del día. Cuando las aberturas están completamente abiertas, el límite entre adentro y afuera desaparece casi por completo.

Un pabellón en brasil flota entre los árboles
Un pabellón en Brasil flota entre los árboles

Allí, en medio de ese intercambio constante, ocurre algo único: se escucha el sonido del arroyo cercano, se siente la humedad del bosque y la luz cambia con el movimiento del sol, tiñendo el interior con tonalidades verdes y doradas. Estar dentro del pabellón es, en realidad, estar dentro del propio bosque, pero con la delicadeza que aporta una arquitectura consciente, ligera y respetuosa.

Un pabellón en brasil flota entre los árboles
Un pabellón en Brasil flota entre los árboles

Este pabellón en Guajuvira es un gesto de coexistencia. Es la demostración de que la arquitectura puede ser un puente y no una barrera, que puede ofrecer refugio sin dominar, y que puede potenciar la relación del ser humano con el paisaje sin explotarlo.

Un pabellón en brasil flota entre los árboles
Un pabellón en Brasil flota entre los árboles

Al elegir construir con materiales secos, elevar el volumen para preservar la vida del suelo y confiar en la luz y el aire como elementos estructurales de la experiencia, los arquitectos lograron un espacio donde la naturaleza sigue siendo protagonista. Un lugar donde cada sonido, cada brisa y cada sombra recuerda que la función del proyecto es, precisamente, honrar el entorno que lo acoge.

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