El arquitecto chileno Smiljan Radić Clarke fue anunciado como el ganador del Premio Pritzker de Arquitectura 2026, considerado el máximo reconocimiento internacional en arquitectura. Desde Santiago de Chile, donde ha desarrollado gran parte de su práctica, Radić ha desarrollado una trayectoria de más de tres décadas marcada por proyectos que exploran la relación entre materialidad, paisaje y experiencia humana.

“La arquitectura se sitúa entre formas grandes, masivas y perdurables —estructuras que se yerguen bajo el sol durante siglos, esperando nuestra visita— y construcciones más pequeñas y frágiles, fugaces como la vida de una mosca, a menudo sin un destino claro bajo la luz convencional. En esta tensión de tiempos dispares, nos esforzamos por crear experiencias con una presencia emocional, animando a las personas a detenerse y reconsiderar un mundo que tan a menudo las pasa por alto con indiferencia”, expresa Radić.

Su lenguaje arquitectónico aborda cada obra como una investigación singular. Para él, el contexto no se entiende únicamente como una condición física, sino como una convergencia de historia, prácticas sociales y circunstancias políticas. Esa mirada ha dado forma a proyectos donde el diseño parece surgir directamente de las condiciones del lugar.

La mención del jurado del Premio Pritzker 2026 destaca justamente esa aproximación: “A través de una obra que se sitúa en la encrucijada de la incertidumbre, la experimentación material y la memoria cultural, Smiljan Radić prioriza la fragilidad sobre cualquier pretensión infundada de certeza».

«Sus edificios parecen temporales, inestables o deliberadamente inacabados —casi a punto de desaparecer—, pero ofrecen un refugio estructurado, optimista y discretamente alegre, abrazando la vulnerabilidad como una condición intrínseca de la experiencia vivida”.
Algunas obras de Smiljan Radić Clarke
En proyectos como el Restaurante Mestizo (2006) la arquitectura se inserta parcialmente en el terreno; en la Casa Pite (2005) el volumen se orienta para protegerse de los vientos y de la luz intensa, mientras que en Chile Antes de Chile, la ampliación del Museo Chileno de Arte Precolombino (2013), la intervención se resuelve desde la reutilización adaptativa, incorporando nuevas capas sin borrar las existentes.

Como señala también el jurado: “Representar las cualidades de su obra arquitectónica en lenguaje hablado es intrínsecamente difícil, pues en sus diseños trabaja con dimensiones de la experiencia que son inmediatamente palpables pero escapan a la verbalización, como la percepción del tiempo mismo: inmediatamente reconocible, pero conceptualmente evasiva. Sus obras no se conciben simplemente como artefactos visuales; más bien, exigen una presencia corpórea”.

Esa dimensión sensorial aparece con claridad en obras como Casa para el Poema del Ángulo Recto (2013), concebida como un retiro contemplativo donde las aberturas capturan la luz y el paso del tiempo o en Pequeño Edificio Burgués (2023), una residencia-estudio que combina privacidad con una relación abierta hacia la ciudad. Allí, muros de vidrio de un solo panel permiten que la lluvia, el sonido y la luz cambiante formen parte de la experiencia cotidiana del interior.

Para Alejandro Aravena, presidente del jurado y ganador del Pritzker 2016, el valor de su trabajo radica en esa capacidad de transformar lo aparentemente elemental en una exploración profunda de la arquitectura.

“En cada obra es capaz de responder con una originalidad radical, haciendo obvio lo que no es obvio. Recurre a los fundamentos más irreductibles de la arquitectura, explorando al mismo tiempo límites aún inexplorados”, dice Aravena.

La aparente austeridad de su arquitectura esconde una disciplina constructiva rigurosa. Por ejemplo, el uso de materiales como el hormigón, la piedra, la madera y el vidrio se organizan para modelar peso, luz, sonido y atmósfera.

Fundado en 1995, el estudio de Radić ha desarrollado proyectos en países como Albania, Austria, Francia, Italia, España, Suiza y el Reino Unido, además de Chile. Entre sus obras se encuentran instalaciones, residencias privadas, espacios culturales e intervenciones experimentales presentadas en bienales y exposiciones internacionales.

Con este reconocimiento, Smiljan Radić Clarke se convierte en el ganador número 55 del Premio Pritzker, consolidando una trayectoria que ha construido una de las exploraciones más sensibles y poéticas de la arquitectura contemporánea.
