Revista Axxis
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Cuando el cliente cruzó por primera vez el umbral del estudio de Diana Mukhtarova, llevaba una revista con un proyecto de la diseñadora. No buscaba replicar una obra anterior, sino alcanzar ese mismo nivel de intensidad conceptual y emocional en su diseño.

Desde el primer recorrido, este apartamento no era una obra nueva sino un contenedor con el potencial de convertirse en un escenario. La amplitud, la generosa entrada de luz y un elemento inesperado —la posibilidad de incorporar una chimenea de leña— delineaban un punto de partida poco común.

La presencia de un portal antiguo, ya adquirido por el cliente, introducía una tensión estimulante: cómo coexistir entre lo clásico y lo contemporáneo sin caer en la nostalgia ni en el contraste superficial.
El nuevo diseño de la casa
La transformación comenzó por la planta. La distribución original desperdiciaba la luz, así que fue replanteada por completo. La sala de estar pasó a ocupar el frente acristalado, consolidándose como el corazón del proyecto: un espacio donde el paso del día se manifiesta en sombras, reflejos y variaciones sutiles. Aquí, la arquitectura deja de ser fondo para convertirse en atmósfera.

El cine en casa desaparece en la estantería, la pantalla se oculta en el techo y el sonido se integra silenciosamente. Nada debía competir con la presencia de la chimenea ni con la colección de arte, que más que decoración, actúa como sistema de significado.

Uno de los momentos más reveladores del proceso fue la escalera. Concebida inicialmente como un volumen monolítico, las condiciones estructurales obligaron a replantear la idea.

La solución —una escalera de caracol metálica— terminó por redefinir el proyecto. Este elemento introduce un gesto gráfico que tensiona el espacio y lo dinamiza. Lo que comenzó como una limitación terminó convirtiéndose en uno de los objetosmás memorables.

El proyecto encuentra su equilibrio en la dualidad. La envolvente —clásica, moldurada y neutra— actúa como un lienzo contenido que permite que el color, los materiales y el arte se aprecien.

El acero en la cocina dialoga con la escalera, el mármol Amazonia Green en el baño principal introduce una dimensión casi irrepetible, el vidrio en el baño de invitados desafía los límites técnicos y redefine la relación con la luz.

Cada estancia se organiza a partir de una idea precisa. Por ejemplo, la sala se articula en torno a la chimenea y a una colección de porcelana que se revela parcialmente, la cocina equilibra la intensidad cromática con superficies sobrias, el dormitorio se construye desde matices complejos que invitan a la introspección, el baño principal se convierte en refugio, el vestíbulo introduce una pausa a través del reflejo y el baño de invitados transforma la percepción del espacio mediante transparencia.

Incluso los episodios logísticos adquieren un carácter narrativo. El ingreso de los árboles a la terraza evidencia hasta qué punto cada elemento fue considerado parte integral de la composición.

Esta obra es una reflexión sobre el valor: el del cliente al confiar, el del diseñador al insistir en ideas que suelen aplazarse y el de la arquitectura cuando se permite explorar sin garantías.
Aquí, el arte no impone distancia, invita a la cercanía. Y el espacio se convierte en una experiencia abierta, cambiante y humana.
