Revista Axxis
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Catherine Jessurum, arquitecta egresada de la Universidad de los Andes, tiene una trayectoria de quince años en el sector. Comenzó su carrera fundando su propia firma, Estudio Paralelo, en 2011, y posteriormente, en 2015, cofundó Gres, una marca de objetos para el hogar enfocada en la experimentación de materiales y técnicas.

Desde 2018, de vuelta en su natal Barranquilla (Atlántico), se asoció con el arquitecto Francisco Ricardo para liderar juntos DEB, un estudio multidisciplinario que abarca desde proyectos de interiorismo hasta urbanismo.
¿Existe alguna característica recurrente, ya sea espacial, material o formal, en sus proyectos?
La experimentación con materiales y texturas es una característica recurrente en nuestros proyectos. Buscamos que los espacios generen una conexión emocional profunda con quien lo habita y estos elementos son esenciales para lograrlo.
Para usted, ¿qué material o técnica local en nuestro contexto tiene el mayor potencial para construir un sentido de identidad colombiana por medio del diseño o la arquitectura?
En mi opinión, los tejidos con fibras naturales tienen uno de los mayores potenciales para construir una identidad colombiana auténtica dentro del diseño y la arquitectura. Materiales como la palma, el mimbre o el fique no solo reflejan la riqueza natural del territorio, sino también el conocimiento artesanal que se ha transmitido de generación en generación.

Más allá de su valor material, estos tejidos incorporan una dimensión cultural y humana que aporta calidez, textura y profundidad a los espacios. Su versatilidad permite integrarlos tanto en propuestas tradicionales como contemporáneas, y generar así un diálogo entre lo local y lo actual.
¿Qué intereses o búsquedas particulares exploraron en su más reciente proyecto?
El año pasado nos invitaron a participar en Design House Bogotá, una oportunidad que asumimos como lugar de exploración tanto en la materialidad como en lo espacial. Nos asignaron el comedor, y a partir de ahí decidimos trabajar con la cerámica como material principal, con el fin de replantear tanto el rol tradicional de este espacio como el uso convencional de dicho material.

Propusimos una reinterpretación del comedor, entendiéndolo no solo como el lugar donde se come, sino como un escenario donde ocurren múltiples dinámicas sociales: se conversa, se juega, se aprende y se comparte. A partir de esta idea, diseñamos un espacio con mesas bajas y cojines sobre una alfombra enorme, desafiando la configuración y el uso cotidiano del comedor tradicional.

En paralelo, desarrollamos un proceso de experimentación profunda con la cerámica, en el cual trabajamos tres técnicas a partir de una misma materia prima: utilizamos impresión 3D para crear piezas prefabricadas que se suspenden desde el techo, cerámica hecha a mano para recubrir el mueble del bar y cerámica reciclada para la construcción de las mesas bajas.
El resultado fue un ejercicio integral de exploración material y espacial que enriqueció significativamente tanto nuestra práctica como nuestra manera de comprender el diseño.
Más allá de lo visual, ¿qué experiencia sensorial o emocional quiere usted causar con su trabajo?
Nuestro estudio aborda los proyectos desde la fenomenología, entendida como una aproximación al diseño que pone en el centro la experiencia sensorial y perceptiva del habitante. Nos interesa que cada espacio trascienda lo visual y genere una conexión emocional profunda.

Por medio de la luz, la materialidad, las texturas y la escala, buscamos construir atmósferas que inviten a habitar en forma consciente, donde el usuario no solo ocupe el espacio, sino que lo sienta, lo recorra y se relacione con él desde lo sensorial.
Más que diseñar espacios, queremos crear experiencias que transformen el acto de habitar en una vivencia significativa.
¿Cuáles son sus influencias?
Tatiana Bilbao, Frida Escobedo y Sanaa, entre otros.
