Revista Axxis
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Obsesión por explorar el color. Así describen su trabajo las arquitectas manizaleñas Jimena Londoño y Laura Escobar, de Jotaele Arquitectura. Con más de 23 años de experiencia, su labor se centra en componer espacios que reflejen la personalidad de sus habitantes por medio de un cuidadoso ejercicio arquitectónico basado en los detalles.

¿Existe alguna característica recurrente, ya sea espacial, material o formal, en sus proyectos?
En nuestros proyectos, hay dos elementos que aparecen de manera recurrente y que definen nuestra forma de trabajar: una profunda pasión y respeto por los oficios, y cierta obsesión por explorar a través del color.
Creemos que la actividad de diseñar se nutre del conocimiento de quienes materializan los espacios. Las maestrías artesanales son saberes que se han transmitido durante generaciones, y en nuestro trabajo el aporte de estos conocimientos enriquece muchísimo la construcción detallada del proyecto. Para nosotras, diseñar también significa escuchar esas maestrías y permitir que el proceso constructivo enriquezca las decisiones de diseño.

El color, por otra parte, aparece como un lenguaje fundamental dentro de nuestra arquitectura. No lo entendemos únicamente como un recurso decorativo, sino como una herramienta capaz de transformar la percepción del espacio, de construir atmósferas y de aportar identidad y emotividad a los lugares que habitamos. A través de él buscamos generar contrastes, tensiones y combinaciones que rompan con soluciones previsibles y que permitan que cada proyecto tenga una personalidad propia.
Para usted, ¿qué material o técnica local en nuestro contexto tiene el mayor potencial para construir un sentido de identidad colombiana por medio del diseño o la arquitectura?
Más que señalar un material específico, creemos firmemente en la importancia de rescatar y preservar cualquier oficio que se pueda mantener vivo desde su origen. En Colombia existe una enorme riqueza de técnicas y saberes artesanales que son parte de nuestra identidad cultural, y la arquitectura se puede convertir en un vehículo para poner en valor esas tradiciones.

El respeto por una maestría, por una técnica que se ha perfeccionado durante años, tiene el potencial de construir un legado. Cuando un proyecto incorpora estos conocimientos de manera consciente, no solo se está resolviendo un problema espacial, sino que se está contribuyendo a la continuidad de una memoria cultural.

Pensamos que la identidad en la arquitectura colombiana no surge únicamente de los materiales, sino del diálogo entre las personas que los trabajan, el territorio del que provienen y las historias que los acompañan. Reconocer y dignificar estos oficios es una forma de construir una arquitectura con raíces, una arquitectura que refleja el lugar al que pertenece.
¿Qué intereses o búsquedas particulares exploraron en su más reciente proyecto?
En nuestros proyectos más recientes, la exploración se ha concentrado en desafiar los materiales en su expresión más propia y natural. Nos interesa observar cómo se comporta cada material en cuanto a espesores, brillos, opacidades y porosidad, y cómo esas cualidades pueden dialogar entre sí para construir nuevas experiencias espaciales.

Trabajamos constantemente en la mezcla inesperada de texturas y en la combinación disruptiva de color. Nos atrae la posibilidad de poner en tensión materiales que, en principio, no parecerían convivir naturalmente, para descubrir nuevas lecturas y atmósferas dentro del espacio.

En ese proceso, la técnica y lo natural se ponen al servicio de la cotidianidad. Nuestro interés no es únicamente crear composiciones visuales interesantes, sino explorar cómo estas decisiones materiales pueden acompañar la vida diaria de quienes habitan los espacios. La arquitectura cobra sentido cuando se integra orgánica a la vida cotidiana.
Más allá de lo visual, ¿qué experiencia sensorial o emocional quiere producir con su trabajo?
Buscamos que los espacios sean el reflejo de la personalidad de quienes los habitan. Nos interesa que cada proyecto construya una cotidianidad con profunda identidad, donde las personas se puedan reconocer en el lugar que ocupan.

La arquitectura tiene la capacidad de influir en nuestras emociones y en la forma en que experimentamos el día a día. Un espacio bien pensado puede generar calma, inspiración, curiosidad o incluso sorpresa; por eso intentamos que nuestros proyectos no se limiten a resolver funciones, sino que construyan atmósferas que acompañen la vida de quienes los utilizan.
Cuando un espacio se logra conectar emocionalmente con sus habitantes, deja de ser simplemente un contenedor para convertirse en una extensión de su forma de vivir. Esa es, en última instancia, una de las búsquedas más importantes dentro de nuestra práctica.
¿Cuáles son sus influencias?
Entre nuestras influencias se encuentran diseñadoras que han construido una mirada muy personal sobre el diseño contemporáneo, como Patricia Urquiola, Ilse Crawford y Kelly Wearstler.

Lo que admiramos de ellas no es solamente su lenguaje estético, sino su capacidad de explorar el diseño a partir de la vida cotidiana. Son creadoras que no trabajan desde la tendencia, sino desde la curiosidad constante por los objetos, los materiales y las formas en que las personas interactúan con los espacios.

Esa actitud exploratoria es algo con lo que nos identificamos profundamente. Nos interesa entender el diseño como un proceso de descubrimiento continuo, donde cada proyecto representa una oportunidad para observar de otra manera lo cotidiano y transformarlo por medio de la arquitectura.
