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Revista Axxis
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La arquitectura ha organizado la relación entre lo construido y la naturaleza desde sus primeros registros escritos. En De architectura, tratado realizado por Marco Vitruvio Polión alrededor del año 25 a.C. y el único de la antigüedad clásica que ha llegado completo hasta nuestros días, la presencia de jardines en la casa privada no era un asunto decorativo sino una condición estructural del habitar.

Para Vitruvio, la orientación de los espacios hacia patios arbolados, la disposición de la vegetación en el interior de la vivienda y la integración del aire y la luz natural eran factores determinantes para construir entornos saludables. El jardín, en ese sentido, no acompañaba la arquitectura; era parte de ella.

“Una casa sin jardín no es una casa”, dice Carolina Díaz Gómez, arquitecta bogotana y gerente de Jardinarte Studio, quien con este pequeño manifiesto sintetiza una convicción que atraviesa toda su obra. Díaz es arquitecta con especialización y maestría en Gestión Ambiental Urbana, y cursó estudios en Arquitectura del Paisaje en Estados Unidos, Chile, Argentina y Colombia. Además, trabajó durante quince años con la Alcaldía Mayor de Bogotá y ha ejercido la docencia de manera paralela a su práctica proyectual. Este recorrido le da a su labor como paisajista una base técnica precisa; sus decisiones sobre especies, suelos, drenajes y microclimas no provienen de la intuición, sino del conocimiento acumulado.

Sin embargo, Jardinarte Studio no se define solamente desde lo técnico, sino desde lo sensible; el nombre del estudio lo dice con claridad. Díaz aborda cada proyecto a partir de una lectura afectiva y espacial del lugar que va a intervenir para proponer jardines que buscan entretejer la arquitectura construida con el sitio que ocupa.

Para ella, el jardín es una arquitectura intermedia, es decir, la que aparece entre lo que se construye con ladrillos y lo que se dispone con vegetación. Sus proyectos no se resuelven desde lo visual. Son espacios vivos que se ven pero que también se habitan y se huelen, además de que cambian de color con el tiempo. La vegetación no decora; define atmósferas, controla la luz, organiza recorridos y determina la relación entre el interior y el exterior de una casa.

Dos de sus proyectos recientes, ambos ubicados en La Pradera de Potosí, ilustran con claridad este modo de operar. Las casas comparten un lenguaje arquitectónico, en cuanto sus volumetrías y tonos tierra funcionan como un soporte neutro sobre el que la vegetación se amplifica. En uno de los casos, la vivienda presentaba un paisaje preexistente de interés, pero con su intervención Díaz no lo remplazó, sino que lo amplificó. El trabajo consistió en establecer un sentido de continuidad entre ese paisaje y la arquitectura mediante jardines que hacen que ambos parezcan parte de un mismo sistema.

La arquitectura de la casa
En cada punto de apertura de la casa hacia el exterior —ventanas, puertas, terrazas—, el jardín ofrece un momento específico, un primer plano construido para ser habitado desde adentro. Moverse por la vivienda siempre tiene a la vegetación como punto focal, a lo que se suma la decisión de implementar contenedores metálicos curvos que albergan jardines en el acceso para suavizar la geometría ortogonal de la obra. Y más allá, algunas aberturas en las fachadas no se plantearon para enmarcar vistas lejanas, sino para que la vegetación pueda permear la masa construida; ventanas que no son para mirar, sino para convivir con las plantas.

En el segundo proyecto, la vegetación nace desde un vacío central y sale a colonizar la casa. El patio es el origen del jardín y desde allí se expande hacia cada recinto. Las ventanas se abren a primeros planos ajardinados que, además de animar tanto el interior como el exterior, hacen del jardín una vivencia doméstica que no distingue entre adentro y afuera. En este caso, Díaz priorizó el color mediante flores y distintas tonalidades de verde, y trabajó con especies de alturas variables que permiten controlar la luz y la sombra a lo largo del día.

Todo esto es posible porque Jardinarte no llega cuando el proyecto ya está construido. Díaz trabaja en equipo con los arquitectos desde las primeras etapas del diseño, de modo que los jardines forman parte de la arquitectura y no son un simple complemento de esta.

Esa integración temprana es lo que permite que una ventana se posicione en función de un árbol o que un acceso se configure alrededor de un jardín. Una característica que define la mano de esta firma es que sus obras no parecen sembradas, parecen mosaicos de vegetación alto andina, algo que siempre estuvo ahí.

Vitruvio lo entendió hace más de dos mil años. Los jardines no son un lujo ni un ornamento, son una condición del buen habitar. En un país tropical como Colombia, donde la vegetación crece con una generosidad que pocas latitudes conocen, desconocer esa condición en el diseño de una casa no es solo una omisión estética.

Un jardín bien pensado regula temperaturas, absorbe agua, alberga biodiversidad y convierte la sostenibilidad en una consecuencia natural del diseño; hace, en suma, lo que ningún material construido puede realizar solo. Desperdiciar esa capacidad es ignorar el principal recurso que el entorno pone a nuestra disposición para crear nuestro hábitat.

Cinco puntos para destacar de esta obra

1. Jardinarte Studio trabaja en las etapas tempranas del diseño arquitectónico, lo que permite que los jardines sean parte esencial del proyecto y no un complemento posterior.
2. En una de las casas, la intervención establece una continuidad entre el territorio natural y la arquitectura, de modo que cada apertura corresponde a un momento específico del jardín.
3. Los contenedores metálicos curvos de uno de los accesos suavizan la geometría ortogonal de la arquitectura e introducen la vegetación como elemento de transición entre lo construido y el exterior.
4. En la casa de patio central, la vegetación nace desde el vacío interior y se expande hacia los recintos, convirtiendo el jardín en una vivencia que no distingue entre interior y exterior.
5. En sus proyectos, Jardinarte Studio reproduce la lógica del matorral andino tropical, donde la vegetación parece haber estado siempre.