Este apartamento, localizado en Bogotá, constituye un cuestionamiento a la idea de que los colores, al igual que los objetos, son solamente parte de la decoración. Aquí son más que un ornamento; potencian la percepción espacial, acentúan la perspectiva interior y generan efectos lumínicos. De esta manera, crean impresiones espaciales, contrastes y sensaciones.

Sin embargo, no es solo un color el que define su estética —como en la mayoría de las obras, donde se suele incorporar paletas tierra, grises, beige, etc.—, sino varios, dispuestos según criterios funcionales y premisas personales.

“Su propietario desde un comienzo supo que el color debía estar presente. Incluso, estaba convencido del uso del verde en la cocina; por alguna razón, era ese tono y no otro el ideal para ese espacio”, comenta la diseñadora de interiores Lina Salazar, autora del proyecto.

La cocina, cuya materialidad se reviste de verde, transmite tranquilidad y una conexión especial con el paisaje urbano exterior, que se entrevera azarosamente con la naturaleza de los cerros bogotanos.

“En otras circunstancias, el verde habría inspirado la selección de los acabados y el mobiliario de la zona social, contigua a esta área. No obstante, el terracota y el ocre se emplearon en las sillas del comedor y la barra, con el propósito de crear contrastes singulares, aprovechando la relación visual que existe entre ambos espacios”, señala.

La elección de los colores que ofrecen estas ricas combinaciones se estudió bastante. “Ninguna de las decisiones asociadas al color se tomó sobre el camino; al contrario, efectuamos numerosas pruebas buscando armonía entre tonos vibrantes y texturas distintas”, manifiesta la diseñadora de interiores.

Así, cada detalle responde a un análisis previo, cuyo resultado se aparta de las convenciones actuales al apostar por una imagen fiel a la personalidad de su dueño, a quien Salazar describe como una persona cosmopolita, extrovertida y sociable. Esta última cualidad fue clave para el diseño de un bar, en el que las tonalidades bronce y chocolate son protagonistas, y donde la amistad, la complicidad y la camaradería tienen lugar.

Sobre el diseño del apartamento
Por otra parte, el baño social revela una estética sobria y sofisticada al mismo tiempo, gracias a la presencia de un papel de colgadura azul con motivos geométricos dorados, al lado de un mueble de superficies marmóreas, cuyas vetas grises crean un conjunto armónico; en el principal, en cambio, los acabados son otros —de apariencia diáfana—, aun cuando el mármol continúa estando presente.

Uno de los aspectos fundamentales en relación con el color es el manejo de la iluminación, ya que esta se debe adecuar a la imagen visual del espacio, pero sin resultar excesiva o escasa. “Incorporamos una luz romántica, que armoniza con los colores vibrantes del apartamento.

También usamos varios modelos o estilos de lámparas, otorgándoles un papel estético, además de funcional. Incluimos colgantes, de piso y de mesa, de acuerdo con el formato de los muebles y las obras de arte”. Los únicos objetos que Salazar no diseñó y fabricó a la medida fueron las lámparas, factor que asegura coherencia e identidad estéticas.

En cuanto al arte, la diseñadora de interiores se ocupó de seleccionar las obras con base en las características de cada espacio, aunque sin demasiadas reglas. “Mi mensaje es: cuando el cliente pide color, hay que arriesgarse, abrir los ojos al mundo de posibilidades que este nos ofrece”.

Finalmente, el color en este apartamento es el elemento que comparten la arquitectura, el diseño y el arte, hallando un equilibrio entre la perspectiva sensorial y las consideraciones funcionales.
Cinco puntos para destacar de la obra
1. La búsqueda constante de elegancia por medio del color definió el proceso creativo de este proyecto.
2. Las cualidades personales de su dueño fueron la base para definir los tonos que componen cada ambiente.
3. La cocina verde era uno de los requerimientos del propietario.
4. En lugar de usar tonalidades afines, buscaron contrastes únicos y armoniosos.
5. La luz romántica acentúa los juegos cromáticos.
