“La arquitectura de Fragmentos es discreta, casi invisible, horizontal y sin jerarquía. El volumen, compuesto por tres salas articuladas por un solo corredor, se inserta cuidadosamente en los vacíos sin tocar los linderos, lo que permite hacer recorridos interiores y exteriores. La estructura metálica es, a la vez, la ventanería; las fachadas son las ruinas”, comenta el arquitecto Carlos Granada, de Granada Garcés Arquitectos, sobre este trabajo hecho en las ruinas de una casa colonial abandonada en el centro de Bogotá —que data del siglo XVII—, junto con la artista colombiana Doris Salcedo.

Quizás el gesto con más carga simbólica es el piso, cuyas tabletas nacen del metal obtenido tras fundir 37 toneladas de armas depuestas por la antigua guerrilla de las FARC. “Este material simboliza la transformación del dolor en un espacio de memoria y reflexión”, señala Granada.

La arquitectura de Fragmentos
Es innegable que este contramonumento ha tenido un impacto significativo en su entorno, pues se comporta como un lugar vivo y activo que invita a reflexionar sobre el conflicto armado en Colombia y promueve la reconciliación por medio del arte y la memoria.

“El espacio presenta un vacío y un silencio que invitan a la reflexión y al diálogo sobre las cicatrices dejadas por la violencia, y en sí, es un testimonio de la transformación de las armas en un símbolo de paz y memoria”, recalca.

Y es que, desde su concepción, la obra estaba pensada para tener lo mínimo necesario de lo que, regularmente, se considera un edificio; por eso, su resultado se podría relacionar más con la arquitectura básica de la posguerra. Este proyecto artístico, liderado por Doris Salcedo, invierte la relación de poder que otorgaban los fusiles, “creando un espacio equitativo donde las víctimas del conflicto armado colombiano puedan reflexionar y conmemorar”.
