Revista Axxis
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Fotografía de apertura: Mónica Barreneche, cortesía Four Seasons Hotel and Residences Cartagena.
Pocos rincones de Cartagena de Indias concentran un pasado tan denso en una superficie tan pequeña como la antigua manzana franciscana, en pleno corazón de Getsemaní. Esa parcela donde, hacia 1555, fray Pedro de la Iglesia erigió con paja y madera el convento inicial de la comunidad franciscana, acabó transformada, casi cinco siglos después, en el marco de una de las restauraciones patrimoniales más complejas ejecutadas en el país.

Saqueado en 1559 por los piratas franceses Martin Cote y Jean de Beautemps, el conjunto recibió en 1560 una segunda fundación a manos de fray Francisco de Molina, y hacia 1600 las columnas del claustro salieron de las manos del cantero Bartolomé Téllez, nombre que la documentación rescató del anonimato gremial al que solían quedar reducidos los artífices de la piedra.
En los siglos siguientes han coexistido en este suelo un claustro, un templo destechado, una capilla de la Orden Tercera, un correccional femenino, un edificio neoclásico y cuatro teatros de cine.
En el frente opuesto, el Club Cartagena escribe una historia paralela. Fundado en 1891, su sede actual la trazó el arquitecto francés Gaston Lelarge entre 1920 y 1927, tomando como referencia, a una escala mucho más íntima, la Ópera de París de Charles Garnier.

Fotografía: Juan Fernando Castro – Photoholic, cortesía Four Seasons Hotel and Residences Cartagena.
Lelarge llegó al país en febrero de 1890, contratado por el Ministerio de Guerra para enseñar táctica al Regimiento de Caballería, y terminó incorporado a la historia arquitectónica nacional con obras como el Palacio Echeverri, la dirección del Capitolio Nacional en Bogotá y la cúpula de la iglesia de San Pedro Claver en Cartagena. Precisamente en esta ciudad murió el 9 de agosto de 1934, en una casa modesta de la calle Tumbamuertos, en medio de estrecheces económicas.

Fotografía: William Laird, cortesía Four Seasons Hotel and Residences Cartagena.
En 1958, desalojaron al Club Cartagena, y por seis décadas fue ruina silenciosa y luego escenario clandestino. Sus planos sobrevivieron al incendio del Corralón de Mainero, donde el francés tenía estudio y archivo, y permitieron al equipo restaurador recuperar la marquesina, la terraza y la columnata que él había soñado, detalles inejecutables con los materiales de los años veinte y que solo el siglo XXI permitió llevar a obra.
El arquitecto restaurador Ricardo Sánchez, miembro del equipo profesional que acompañó el proyecto desde su origen, propone una imagen útil para entender lo que ocurrió. Sostiene que una iniciativa de esta magnitud solo prospera si descansa sobre cuatro pilares:
- La visión del inversionista.
- El marco normativo derivado de la Ley General de Cultura, que permitió comprender que aquí hacía falta un Plan Especial de Manejo y Protección.
- El proyecto de restauración e intervención.
- La mano de los constructores y los maestros artesanos, sin la cual nada se habría llegado a concretar de manera adecuada.

Fotografía: Juan Fernando Castro – Photoholic, cortesía Four Seasons Hotel and Residences Cartagena.
El primer pilar resultó determinante. Laura Acevedo, actual directora general de San Francisco Investments, la firma desarrolladora, recuerda que la familia Santo Domingo fijó desde el comienzo una directriz inequívoca: no buscaban un hotel genérico, sino uno imposible de replicar fuera de Cartagena, profundamente caribeño, coherente con el patrimonio y los oficios tradicionales.
Esa visión ha mantenido el rumbo durante los cerca de dieciséis años que ha tomado el proyecto a la fecha. La acumulación predial fue obra de Cine Colombia, que durante la primera mitad del siglo XX adquirió predios para sus salas y terminó englobando el suelo original de los franciscanos.
Esa pieza, sumada al club y al claustro, completó un rompecabezas de más de una decena de inmuebles que solo se pudo armar cuando el grupo adquirió el conjunto.
La arquitectura del Four Seasons Hotel and Residences
¿Cómo intervenir un conjunto que reunía tantos inmuebles, propietarios y normas urbanísticas? El Plan Especial de Manejo y Protección (PEMP), aprobado mediante la Resolución 1458 del 26 de mayo de 2015 y luego modificado en 2020 y 2022, ofreció la respuesta.

Fotografía: Juan Fernando Castro – Photoholic, cortesía Four Seasons Hotel and Residences Cartagena.
Su mérito radica en haber leído la antigua manzana franciscana como una unidad y no como una suma de predios. El instrumento delimitó un área afectada y una zona de influencia, asignó niveles de intervención y precisó alturas, índices y usos.
El diagnóstico fue franco: la sede del Club Cartagena padecía patologías irreversibles porque sus elementos en concreto armado se ejecutaron con arena de mar, lo que oxidó las armaduras desde dentro.
Solo la cimentación y la mampostería tradicional resistieron. Esa franqueza le permitió al PEMP, con la dirección del arquitecto Rodolfo Ulloa —coautor de la restauración—, autorizar lo que de otro modo habría parecido una herejía: ampliar, reforzar, reintegrar y construir nuevos inmuebles para devolver al conjunto una vocación útil.
De acuerdo con Sánchez, la decisión de fondo del proyecto fue privilegiar la armonía sobre el contraste. Una persona desprevenida recorre el hotel y por momentos puede confundir lo nuevo con lo antiguo, porque lo que se buscaba era armonía y no un enunciado en postura filosófica hegeliana de construir con el espíritu actual. De allí se derivó un quehacer abiertamente historicista, donde el recorrido, los patios y los corredores prevalecen sobre la fachada exterior.

Acevedo describe el mismo lienzo desde otra orilla. A su juicio, no era un soporte en blanco, sino uno con determinantes muy claros, sobre los que se superpusieron las exigencias funcionales de la cadena operadora y el reto de adecuar las exigencias técnicas del siglo XXI, sin afectar la esencia de este dispar grupo de inmuebles.
La intervención del templo de San Francisco representó, en palabras de Sánchez, la liberación estructural más significativa del conjunto. Durante la década de los setenta, Cine Colombia transformó la nave en una sala de proyecciones mediante la instalación de graderías de concreto y cerchas metálicas integradas en los muros coloniales. Tras una pantalla de mampostería que ocultaba el presbiterio se descubrieron cúmulos de desechos que conservaban restos del artesonado original, los cuales se clasificaron individualmente.
Bajo esa envolvente se recuperó la cúpula del siglo XVI, donde el restaurador Rodolfo Vallín identificó vestigios de pintura mural. Posteriormente, dotaron al templo de un nuevo artesonado, cuya traza surgió del estudio técnico de la carpintería de lo blanco.

Fotografía: William Laird, cortesía Four Seasons Hotel and Residences Cartagena.
Según Acevedo, quienes visitan hoy este espacio para eventos experimentan un profundo asombro al comprender que la historia no reside únicamente en los libros, sino en el reconocimiento del oficio de los carpinteros plasmado en la madera.
La arqueología fue otra actividad fundamental del proyecto. Las excavaciones, a cargo de la antropóloga Monika Therrien, constituyen la primera intervención arqueológica de envergadura efectuada en Getsemaní. Los hallazgos abarcan desde la traza primitiva del convento, las celdas de los religiosos y el Patio de Lectores con su piso de adoquín, hasta los enterramientos coloniales, pues durante aquellos siglos las iglesias hacían las veces de cementerio. Aparecieron también los cimientos del antiguo templo de la Veracruz, cuya ubicación se pudo confirmar con el paletín y el cepillo.
El cuarto pilar, el de los oficios, fue la condición de existencia. François Catroux, decorador francés cercano a la familia Santo Domingo, fallecido en noviembre de 2020, integró el equipo de interiorismo, en el que también participó Poli Mallarino, quien articuló a varios de los artesanos para la producción de piezas especiales del diseño interior. Junto con ellos trabajaron firmas internacionales de interiorismo y arquitectura técnica, iluminación y paisajismo, y un amplio grupo de talleres y artistas colombianos.

La paisajista a cargo de liderar el equipo de la firma suiza Enea Landscape Design, la colombiana Carolina Jaimes, recibió el encargo más exigente: imaginar un jardín tropical de apariencia orgánica, como si siempre hubiera pertenecido al lugar.
Ese hilo verde cose estilos arquitectónicos diversos, como el beaux arts del club, que hoy sirve de vestíbulo y posee uno de los salones más elaborados; el carácter colonial del antiguo claustro, devuelto a su vocación hospitalaria como zona de habitaciones, y una edificación nueva de aire neoclásico y neutral.
La suite presidencial, que lleva el nombre de Catroux, está coronada por una fuente cerámica de inspiración morisca, esencia de su última etapa creativa.

La obsesión por el detalle dio lugar a un episodio que vale la pena consignar. El equipo de San Francisco Investments construyó dos habitaciones a escala real en un estacionamiento externo, una correspondiente al claustro colonial y otra al edificio contemporáneo, con el propósito de verificar proporciones, aislamiento acústico y la materialidad del interiorismo.
Se buscó que el accionamiento de la grifería ofreciera una sensación de suavidad, que la temperatura del agua fuera inmediata y que la textura del mármol careciera de asperezas. Cada elemento de los restaurantes contó con su propio prototipo, lo que transformó la obra completa en un ensayo a tamaño natural, antes de su ejecución definitiva.

Quien dirige una entidad de patrimonio sabe que la queja más frecuente del propietario de un inmueble protegido es haber sido declarado como tal. Acevedo ofrece, desde la otra orilla, un testimonio que vale la pena recoger: confiesa que aprendió a amar el patrimonio en este proyecto.
Reconoce que partir desde el respeto, entender que el centro era cuidar el patrimonio y que todo lo demás se construía alrededor, fue un cambio de perspectiva. Es, acaso, la mejor síntesis que un desarrollador inmobiliario haya hecho del oficio patrimonial.
¿Qué gana Cartagena con todo esto? El rescate físico de un conjunto al borde del colapso, la reactivación de un sector olvidado y un modelo replicable, donde la conservación rigurosa, la inversión privada y la gestión social conviven sin sacrificarse.

De los treinta y tres mil metros cuadrados del proyecto se entregaron veintidós mil en la primera fase, y los once mil restantes corresponden a unidades residenciales para finales de 2026, a la Casa Morales para 2027 y a la Casa Ambrad, futura royal suite del hotel y última obra de interiorismo de Catroux.
Los viajeros del siglo XVI arribaban al primer convento franciscano agotados por la travesía atlántica, tras desembarcar en la bahía de las Ánimas. Los huéspedes que hoy ingresan a la antigua manzana de los franciscanos lo hacen por motivos opuestos, aunque atraviesan los mismos umbrales. El conjunto persiste, tal como ocurrió desde su origen, como un espacio de tránsito, hospedaje y diálogo. Solo cambian, una vez más, los protagonistas de la estancia.

La obra en cifras
Área total: 33.000 m2 de construcción, aproximadamente. En la primera fase del proyecto entregaron veintidós mil metros cuadrados.
Bienes históricos intervenidos: antiguo Club Cartagena, templo de San Francisco, claustro de San Francisco, fachada de los teatros Cartagena, Calamarí y Bucanero, y reconstrucción de la fachada del teatro Rialto.
Duración de ejecución del proyecto: 16 años, aproximadamente.
Duración de ejecución de la construcción: 8 años, aproximadamente.
Desarrollo: San Francisco Investments SAS.
Arquitectos restauradores: Rodolfo Ulloa, Ricardo Sánchez, Angelina Vélez.
Artistas colombianos participantes: Rafael Dussán Mejía, Eloín Rivera, Miguel Cárdenas Meira, Alejandro Hernández, María Cecilia Franco Berón, Salim Osta, Jairo Mora.
Arquitectos y diseñadores colombianos participantes: Poli Mallarino, Rodríguez Valencia, Leal Daccarett, Mantarraya, SC&o, Grupo Verde.
Arquitectos y consultores internacionales principales: WATG, Wimberly Interiors, AvroKo, Atelier Catroux, SBM, Enea Landscape Design, LLDesign, Spartan Technologies, Blum Engineers, entre otros.
Contratistas y proveedores: Más de 120. Se escogió a la tienda Divano para suministrar los pisos de madera y los guardaescobas de diversas áreas. Improdema se encargó de la carpintería en madera y el mobiliario, así como de la restauración de muebles de distintas áreas.
Vélez & Santander participó en el reforzamiento estructural de los edificios patrimoniales y la dirección técnica de la restauración. My Eléctricos fue la encargada de desarrollar la ingeniería lumínica del proyecto.
Iconi Ingeniería y Construcción Integral SAS participó en la ejecución de actividades de restauración de patrimonio arquitectónico y construcción de obras nuevas.
Servipáramo participó en el diseño e implementación de un sistema térmico centralizado, que integra la generación y distribución de agua fría y caliente para todo el complejo.
