Revista Axxis
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En el barrio Campo Alegre, en El Rosal, Cundinamarca, la arquitectura dejó de ser únicamente un ejercicio de forma y función para convertirse en un acto humano. Allí, en una comunidad vulnerable marcada por las secuelas del conflicto interno colombiano —habitada por familias desplazadas y personas en proceso de reincorporación—, el Parque Lúdico y Cultural Fundación CreSiendo emerge como una obra que entiende el espacio como posibilidad de transformación colectiva.

Diseñado por la firma Fidel Mendoza Arquitectos, el proyecto se distancia deliberadamente de la noción convencional de escuela. En esta obra no existen las aulas concebidas como cajas rígidas o espacios de control. Por el contrario, la propuesta plantea un diseño permeable, abierto al descubrimiento, a la naturaleza y al juego como motores fundamentales del aprendizaje.
“El proyecto nace de cuestionar la idea tradicional del aula restrictiva”, explica Fidel Mendoza, fundador de la firma. “Queríamos que los niños pudieran aprender desde la exploración, desde el contacto directo con el entorno y desde la libertad”.

La referencia conceptual apareció en el paisaje cotidiano de la región: los invernaderos florales que dominan la economía local. El edificio adopta su lógica espacial y climática para construir un lenguaje inmediato y reconocible para la comunidad. El resultado es una especie de “invernadero vivo”, una arquitectura translúcida y ligera que dialoga con el territorio desde la memoria colectiva.

Un dato curioso de este proyecto, es el acceso principal que fue diseñado a escala infantil, obligando a los adultos a inclinarse para entrar. “Queríamos que los adultos entendieran físicamente que estaban entrando al mundo de los niños”, señala Mendoza. “Todo el proyecto está pensado desde su perspectiva y su escala”.

La arquitectura del parque
La radicalidad del Parque Fundación CreSiendo no reside únicamente en su dimensión social. También se manifiesta en la forma en que fue construido. La fundación inicialmente solo podía financiar cerca de 300 metros cuadrados construidos con contenedores reutilizados—, el proyecto encontró en la economía circular una estrategia arquitectónica y ética.

Gracias a la reutilización masiva de residuos industriales locales, el equipo logró desarrollar una infraestructura de 3.300 metros cuadrados con costos entre un 90% y un 95% inferiores a los de una construcción convencional.
Los muros de gavión fueron rellenados con piezas descartadas de concreto provenientes de una planta de prefabricados ubicada a menos de un kilómetro del lote: bordillos rotos, baldosas defectuosas y fragmentos de mobiliario urbano que encontraron aquí una nueva vida estructural.

Las fachadas exteriores, por su parte, fueron revestidas con antiguas vallas publicitarias recuperadas. Pintadas de verde, estas lonas resistentes a la intemperie adquirieron una segunda existencia como piel arquitectónica.
Por otra parte, la madera utilizada en áreas como la cocina, las oficinas y la vivienda de cuidadores también provino del descarte industrial: estibas de pino utilizadas para importar motocicletas.
Sobre ellas se aplicó la técnica japonesa Shou Sugi Ban, un proceso de carbonización superficial que protege naturalmente el material frente a la humedad y el deterioro climático.
Incluso la cubierta responde a esta lógica de reaprovechamiento. Una película translúcida fabricada con plástico reciclado filtra la luz natural de manera homogénea, eliminando prácticamente la necesidad de iluminación artificial durante el día.

Hoy, varios años después de su construcción, el impacto del Parque Lúdico y Cultural Fundación CreSiendo continúa expandiéndose. Este año, el proyecto fue seleccionado por Shift Global como uno de los casos destacados en arquitectura y transformación social, consolidándose como un referente internacional sobre cómo el diseño puede responder de manera sensible a los desafíos ambientales y comunitarios.

Este reconocimiento se suma al obtenido en 2021, cuando la obra fue incluida entre los 250 proyectos más sostenibles de América Latina por los Premios Latinoamérica Verde. Esta ludoteca confirma que la arquitectura también se convierte en una herramienta de dignidad, pertenencia y futuro colectivo.
