Entrar a Baobab Barranquilla es atravesar un umbral de color. El exterior caribeño, vibrante y luminoso, queda atrás para dar paso a un universo donde el azul lo cubre todo. En esta obra, a cargo de la firma Left Angle Partnership (LAP), se invita a descubrir un diseño que se despliega como una inmersión.

El proyecto parte de la idea de “concebir una tienda monocromática, donde el azul fuera el protagonista y la experiencia espacial evocara la sensación de estar bajo el agua”, explica Juan Carlos Naranjo, arquitecto y fundador de LAP.

El eje conceptual del espacio surge a partir de la inspiración de una colección de vestidos desarrollada en degradé por la marca de ropa.

En lugar de aplicar el degradado de manera convencional, el estudio hace una lectura disruptiva, en la que el color se desarrolla a lo largo del recorrido. Así, la experiencia del usuario se construye desde la sorpresa.
Detalles del diseño de la tienda Baobab
Dos accesos plantean momentos iniciales distintos: en uno, una sala con cielorraso escultórico introduce una sensación de monumentalidad; en el otro, una pieza de vidrio, acompañada por luz cálida, propone el primer contacto con la marca. A partir de allí, el recorrido se vuelve intuitivo y fluido, guiado por una geometría curva que genera expectativa.

La materialidad refuerza esta intención. El protagonista es un vidrio opalizado que construye capas visuales en las que se superponen producto, luz, sombras y movimiento. “Este material nos permite trabajar el color no solo desde lo cromático, sino también desde el reflejo, la textura y la profundidad”, señala Juan Carlos Naranjo.

Frente al clima cálido, la tienda plantea una lectura más sutil del entorno: el azul del mar, la idea de puerto, la presencia del acero inoxidable y las curvas de los muros que evocan el movimiento del agua. “El espacio busca generar impacto al entrar, pero también curiosidad para seguir explorando”.
A lo largo del trayecto aparecen lugares de contemplación del producto y pausas estratégicas, hasta llegar al área de probadores, ubicada en una zona más resguardada. Allí, la altura y el gesto de la iluminación transforman la atmósfera y proponen un cierre sereno dentro del relato espacial.
