Revista Axxis
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Disfrutar de un buen café no depende únicamente de lo que ocurre dentro de una taza, también tiene que ver con esos sitios a los que se vuelve casi por costumbre, esos que terminan formando parte de la vida cotidiana. Precisamente, esa fue la idea que dio origen a Tinto, una tienda de café ubicada en Chapinero Alto (carrera 3A # 57-55, Bogotá), donde el diseño busca hacer de lo cotidiano una experiencia.

Tinto, un proyecto desarrollado por los socios Ernesto Lafaurie, director creativo de la firma de arquitectura Colette Studio, y Danna Urquijo, barista profesional, reúne tres referentes que convergen en una misma experiencia: del tradicional espresso bar italiano toman la calidez de la madera, los tonos rojizos, la luz naranja, lo ruidoso y lo cosmopolita; del café japonés adoptan la precisión, el orden y el protagonismo del acero inoxidable como escenario para los métodos de preparación, y de Chapinero rescatan una actitud cercana y espontánea.

“Queríamos un lugar donde pudieras quedarte a pasar el rato o simplemente pasar por tu bebida favorita. Un espacio para compartir con actitud descomplicada y sin esnobismos”, afirma Lafaurie.

Los retos de la tienda de café

Uno de los mayores retos fue su escala. “Los veinte metros cuadrados terminaron siendo muy valiosos, y en gran medida el proyecto existe gracias a la manera en que resolvimos el programa dentro de ese espacio”, explica el diseñador.

Esa condición definió la distribución del café. La barra, la banca y el baño funcionan como piezas fijas que estructuran el recorrido y favorecen el encuentro entre clientes y baristas. Así mismo, la materialidad acompaña esa narrativa. Enchape cerámico y microcemento en color rojo, paredes con acabado arena, madera nogal y acero inoxidable conforman una composición en la que cada plano aporta profundidad, sin necesidad de acumular elementos.

Por otro lado, el proyecto implicó un trabajo con artesanos en diferentes oficios, lo que resultó para Lafaurie y Urquijo en una relación tan importante como el resultado final. “Hubo un trabajo conjunto, humano y muy cercano en el desarrollo de todos los detalles», comenta.

La mayor virtud de Tinto es acompañar la experiencia con naturalidad, haciendo que cada visita resulte cómoda y auténtica. Este pequeño café consigue aquello que pocos espacios logran: convertirse en un lugar al que dan ganas de volver.
