En Vancouver, Canadá, se alza la Shoreline House. Este es un proyecto, diseñado por el estudio Splyce Design, es una casa que habla de los principios sobre cómo el diseño contemporáneo puede dialogar con el entorno natural, respetar su fragilidad y al mismo tiempo, ofrecer una experiencia estética y espacial de alto impacto.

La propiedad se abre hacia un escenario lleno de árboles maduros, abetos, robles y vistas de 180 grados, elementos que hicieron que el terreno se convirtiera en un reto y al mismo tiempo en una oportunidad. La firma propuso renovar la estructura existente de los años 60 y añadir una ampliación compacta que respondiera con delicadeza al contexto ambiental.
Características de la casa
Los clientes habían considerado construir desde cero, pero el estudio se encargó de persuadirlos para renovar la obra, así generar menos impacto ecológico. Con esto en mente, la estrategia fue mantener lo existente y añadir un volumen de una sola planta, ligero en su presencia y preciso en su huella. La ampliación alberga el dormitorio principal y su baño, proyectados como un refugio íntimo donde el paisaje es protagonista.

Las exigencias de retranqueo frente al mar impusieron límites rigurosos, que derivaron en una volumetría irregular y ajustada al terreno. Los muros de cimentación fueron retranqueados para reducir al mínimo la intervención sobre la zona protegida, generando un efecto visual contundente: la casa parece flotar sobre la costa, con su techo elevado a cuatro metros, sostenido por un muro pantalla en voladizo que se proyecta hacia el horizonte.

Materialidad de la obra

La renovación no solo responde a lo técnico, sino también a un juego expresivo entre lo nuevo y lo existente. El volumen añadido se reviste en cedro claro, evocando la ligereza y el carácter natural del bosque circundante, mientras que la estructura original, con cubiertas inclinadas y acabados oscuros, remite a la solidez de las formaciones graníticas.

El acceso fue diseñado con una escalera enmarcada por columnatas que conducen a la puerta principal, preparando al visitante para una experiencia en la que cada movimiento del recorrido revela un ángulo nuevo del paisaje y de la arquitectura.

En el interior, la arquitectura se abre al entorno con grandes ventanales de marcos ocultos que diluyen los límites entre lo construido y lo natural. Algunos se orientan para capturar la luz cambiante del océano, otros están dispuestos con precisión enmarcando escenas específicas del bosque y el horizonte marino.

El paisajismo, concebido como una prolongación de la arquitectura, integra patios y senderos que respetan la topografía y la vegetación autóctona. Esta renovación busca fundirse con el entorno creando espacios de contemplación y descanso donde la arquitectura se percibe como parte de la geografía costera.

La Shoreline House es un ejemplo de cómo la arquitectura contemporánea puede ser responsable y expresiva a la vez. No se trata solo de líneas limpias y volúmenes geométricos, sino de un diseño que asume su responsabilidad frente al entorno, que entiende que construir junto al mar implica escuchar el lenguaje del paisaje.

Splyce Design logra así una casa que respira al ritmo del océano, que celebra la tensión entre lo natural y lo construido, y que demuestra que las viviendas unifamiliares del siglo XXI pueden —y deben— ser más conscientes, poéticas y sostenibles.
