Coleccionar no se trata solo de acumular objetos. Es una manera de reunir experiencias, atmósferas y fragmentos de vida en un ritmo propio. Bajo esta premisa nace Villa junto al lago, una casa privada en Shanghái, China, que propone una lectura contemporánea del habitar, un espacio concebido como galería, donde el arte convive con la rutina diaria.

El proyecto, desarrollado por WJ STUDIO —con Hu Zhile como diseñador principal—, entiende la vivienda como una extensión de la identidad de sus habitantes. Aquí, cada decisión espacial responde a lo que el equipo denomina el “coleccionismo del yo”: una forma de diseñar que pone en el centro la experiencia personal, la luz y el paso del tiempo.
El diseño de la obra
La intervención comienza desde el acceso. La casa establece un diálogo abierto con su entorno inmediato. Al reducir los muros perimetrales y permitir que la vegetación del lago se filtre visualmente hacia el interior, los arquitectos crean un “paisaje prestado” que diluye los límites entre afuera y adentro.

Además, un muro cortina de cristal de piso a techo define un espacio de arte minimalista que funciona como vitrina transparente. Aquí, el vacío es tan importante como las piezas expuestas ya que el uso consciente del espacio negativo transforma este punto en un museo doméstico, un santuario para una colección construida durante décadas.

El vestíbulo se extiende y acompaña este recorrido inicial, ofreciendo al visitante una elección clara, permanecer en la contemplación o avanzar hacia la vida cotidiana del hogar.
Fluidez espacial del proyecto
El lenguaje sobrio del museo se suaviza y se integra a la intimidad del hogar. La planta “hundida” se reinterpreta como un salón empotrado, mientras que una serie de tragaluces escalonados introduce una dimensión vertical que aporta recogimiento al gran espacio abierto.

Desde este punto, la mirada se sitúa a la altura del patio donde la naturaleza participa dentro del espacio. Asimismo, la estructura se convierte en parte activa del diseño. Cuatro columnas de acero, se destacan como esculturas interiores. Revestidas en chapa de teca y acentuadas con delicadas incrustaciones de cobre, aportan ritmo visual y refuerzan una idea central del proyecto: la honestidad constructiva como ornamento.

Estos elementos dialogan con los tonos metálicos de los tragaluces, generando una continuidad material que recorre toda la casa.

En la planta baja, los marcos de puerta tradicionales prácticamente desaparecen. En su lugar, sistemas de tabiques y vigas de madera sin tratar definen el espacio a partir de volúmenes, no de límites rígidos. Sala, comedor, terraza acristalada y patio exterior se suceden en capas independientes pero conectadas, permitiendo que la circulación y las visuales fluyan sin fricción.
Detalles de la arquitectura
Como en toda galería, la luz es un material esencial. En el estudio, una claraboya diseñada a medida filtra la iluminación natural a través de rejillas y elementos estructurales, transformándola en una presencia suave y cambiante.

A lo largo del día, las sombras recorren muros y superficies, marcando el paso del tiempo y aportando una atmósfera serena, casi contemplativa.
La escalera que conduce al nivel inferior se concibe como un ejercicio de sustracción. El primer tramo, realizado en vidrio esmerilado, permite que la luz penetre profundamente en el subsuelo.

Más abajo, la circulación se abre a una zona de estar pensada para actividades familiares, desde juegos infantiles hasta noches de cine. En su curva ascendente, la escalera vuelve a convertirse en soporte para el arte, ofreciendo nuevas posibilidades de exposición bajo la luz natural.

Esta obra junto al lago sintetiza una dualidad precisa: posee la sobriedad de un museo y, al mismo tiempo, la calidez de un refugio privado. Tal como lo planteó WJ STUDIO desde el inicio, la arquitectura funciona como un vehículo para la vida.

Una vez habitado, el diseño se vuelve casi invisible. Lo que permanece son las obras, la luz que se desplaza por los espacios y los momentos compartidos en familia.
El proyecto es una colección de atmósferas. Un ejercicio donde arquitectura, interiorismo y paisaje se integran para construir un escenario cotidiano en el que vivir también es una forma de arte.
