Un proceso de erosión progresiva había causado la pérdida de alrededor de 370 hectáreas en la ciénaga de Mallorquín (Barranquilla). Al mismo tiempo, su fauna y su flora —en la que predominan los manglares— sufrían debido al vertimiento de residuos y la tala indiscriminada. Y en ese escenario nace Ecoparque Ciénaga de Mallorquín, liderado por las firmas DEB y El Equipo Mazzanti.

Este proyecto actúa como una barrera entre la ciudad y la ciénaga, al tiempo que interviene todos los entornos de este ecosistema y propone un nuevo uso a partir de la recuperación del hábitat, el ocio, la cultura y el deporte.

“Esta obra ha contribuido significativamente a la recuperación del ecosistema, debido a que ha mejorado la calidad del agua, la biodiversidad y las condiciones del paisaje. Además, ha generado espacios para la educación ambiental, el turismo responsable y el disfrute de la comunidad al fortalecer el vínculo entre la ciudadanía y este importante recurso natural”, explica la arquitecta Catherine Jessurum, fundadora de la firma DEB junto con el arquitecto Francisco Ricardo.

Detalles del diseño del ecoparque
Desde su concepción, las firmas de arquitectura responsables de este proyecto implementaron soluciones innovadoras. Una de las más destacadas fue el uso de la madera como elemento principal en el diseño de sus infraestructuras y acabados, “favoreciendo la sostenibilidad, la armonía con el entorno natural y una menor huella ambiental”.

Su arquitectura se comporta como una pasarela que surca las áreas boscosas y los manglares hasta flotar sobre el agua. Su condición lineal le permite hacer variaciones que generan un circuito entre muelles, puentes, bifurcaciones y bucles que se levantan para definir recintos abiertos, a duras penas delimitados y que no alcanzan a ser propiamente edificios.

Restauración ecológica, desarrollo sostenible y turismo responsable se unen en este ecoparque a un centro de investigación académica, dedicado al estudio y conservación de la biodiversidad local. “Esta visión ha permitido consolidar el Ecoparque Ciénaga de Mallorquín como un modelo de recuperación ambiental, aprendizaje y diseño urbano sostenible en la región”, sostiene la arquitecta Jessurum.
