Los edificios públicos han sido, históricamente, contenedores sociales, espacios en los que una comunidad se reconoce, se encuentra y construye vínculos más allá de la lógica privada de la vivienda o el trabajo. En contextos periurbanos, donde la oferta de servicios colectivos suele ser fragmentada o distante, estos proyectos adquieren un papel aún más determinante: no solo contienen usos, propician la convivencia.

En Chía, en las afueras de Bogotá —una región que concentra más de 640.000 habitantes y proyecta un crecimiento cercano al 21 % hacia 2030—, Colsubsidio adecuó un edificio construido por el centro comercial Fontanar para convertirlo en una infraestructura de servicios comunitarios.

Con 3.357 metros cuadrados, distribuidos en cinco pisos, el proyecto parte de una decisión clara: democratizar el acceso al deporte, la recreación, el entretenimiento y los servicios, y condensarlos en una pieza vertical accesible para afiliados, familias y empresas.

El diseño del edificio
El diseño del volumen y las fachadas lo desarrolló el centro comercial Fontanar, mientras el Departamento de Infraestructura de Colsubsidio asumió la adecuación interior, con el apoyo de los arquitectos Camila Quijano y Diego Gutiérrez.

La intervención no implicó transformar la envolvente sino reconfigurar el interior como una secuencia continua de espacios sociales y deportivos. En ese aspecto, la labor de la empresa colombiana Sigraf fue clave, pues se
encargaron de la señalización arquitectónica, lo que contribuyó a reforzar la marca, orientar, conducir y facilitar el tránsito.

Otra decisión importante de los arquitectos fue modificar y ajustar una escalera metálica diseñada por Mauricio Canal, de Industrias DCA, que atraviesa todos los niveles y articula el edificio como un paseo vertical que ofrece una mirada ascendente sobre el paisaje de la sabana. Su estructura liviana, con huellas en madera y barandas abiertas, introduce luz y transparencia en el corazón del proyecto.

Y es que la madera, como es evidente en las fotos, es una gran protagonista de los interiores, un resultado al que se pudo llegar acudiendo a los materiales de la compañía Lamitech Formica, que están presentes en los revestimientos de muros y en el mobiliario especial, incluso en las divisiones de baños, en los que se instaló
un sistema estándar con apertura de 90º de referencia Innova Taupe.

El primer piso alberga un Dentivip de 440 metros cuadrados, destinado a la atención odontológica, y un Centro de Desarrollo Empresarial de 550 metros cuadrados, con dos salones disponibles. Aquí se ofrecen servicios de salud y formación bajo una lógica clara y directa, con espacios abiertos, instalaciones expuestas y materialidades sobrias que priorizan la flexibilidad.
Bienestar Local Colsubsidio (BLOC) ocupa del segundo al quinto piso. El acceso real se produce en el nivel 2, conectado directamente con el centro comercial. En este punto, el edificio se abre a la vida social: dos salones de gran formato y un área multifuncional que puede operar como restaurante permiten a las empresas organizar eventos y encuentros.

En este mismo nivel se ubica el Taller del Chef, concebido como un aula para 22 personas, cada una con su estación completa, mientras el chef ocupa el centro. La calidad de la dotación y el contacto con el exterior, gracias a amplios ventanales, cualifican este espacio de aprendizaje en torno a la cocina.
En el tercer piso está la bolera, orientada también hacia el exterior, acompañada por una pizzería y un café, mezcla de usos en la que se combina la actividad específica del deporte con la permanencia. En el cuarto nivel hay una cancha de fútbol 5 cubierta y un gimnasio con un área para spinning y un salón de fiestas. La arquitectura asume aquí una condición más industrial: estructura expuesta, instalaciones visibles y fachadas flotantes de vidrio que permiten una iluminación natural abundante.

El recorrido culmina en el quinto piso con la piscina, concebida con un sistema constructivo en el que la estructura de acero se reviste con enchape en PVC para garantizar la impermeabilidad. Más que un recinto cerrado, funciona como un mirador deportivo.
Si bien la secuencia espacial y funcional del edificio se articula en vertical —gracias a la nueva escalera—, sus fachadas refuerzan la horizontalidad del volumen con una serie de celosías lineales y bordes de losa que retrasan las ventanas y generan jardineras. Un envoltorio neutro que esconde en su interior una diversidad inesperada de ambientes.

Más que un equipamiento aislado, este proyecto opera como parte de una red de clubes de barrio. Se trata de una infraestructura que integra salud, formación, deporte y encuentro social bajo un mismo techo. Con acceso limitado a servicios colectivos, esta arquitectura se convierte en una herramienta para ampliar oportunidades.
Al reunir en cinco niveles la diversidad de programas que generalmente se dispersan en el espacio urbano, el edificio construye algo singular: una ciudad-edificio, un condensador social orientado al bienestar.
Cinco puntos para destacar de esta obra
1. El proyecto tiene dos accesos: uno en el primer piso, con servicios abiertos a la comunidad, y otro en el segundo, conectado con el centro comercial Fontanar.
2. El elemento protagonista de la adecuación del edificio es la escalera, que comunica todas las plantas. Su diseño, sencillo y transparente, permite integrar el paisaje circundante con el interior.
3. La obra ha tenido una buena recepción por parte de la comunidad, además de que ha permitido el uso constante de los servicios que ofrece.
4. Este proyecto forma parte de una red de equipamientos públicos que buscan subsanar la falta de servicios comunitarios en barrios de la sabana de Bogotá.
5. Su propósito es democratizar el bienestar mediante espacios para el deporte, ocio, aprendizaje e incluso la salud, todo bajo un solo techo.
