No es un secreto que, durante la última década, Medellín se ha convertido en una ciudad turística de relevancia internacional. El aumento sostenido del turismo en la capital antioqueña ha promovido una nueva forma de economía en torno a la construcción de proyectos inmobiliarios, concebidos para recibir a los visitantes.

Así, la proliferación de hoteles de varias categorías y edificios de vivienda para estancias temporales —sobre todo en la zona de El Poblado— ha permitido a arquitectos y desarrolladores explorar nuevas tipologías residenciales, mezcladas con servicios y comercio, donde el habitar se entrecruza con el entretenimiento, la gastronomía y la vida urbana.

Recientemente, se inauguró la segunda torre de 23 Living. Este desarrollo de vivienda turística, localizado en una ladera en el sector de Provenza, está rodeado de edificios de altura media, entre ellos la primera etapa del hotel, y tiene frente hacia dos calles opuestas con una vegetación tropical exuberante.

El diseño arquitectónico de este segundo edificio estuvo a cargo del estudio antioqueño Plan:B Arquitectos, dirigido por los hermanos Felipe y Federico Mesa, cuyo trabajo cruza el oficio con la reflexión académica y que, además, ha producido obras importantes para Medellín, como el Orquideorama del Jardín Botánico y los escenarios deportivos para los Juegos Suramericanos de 2010.

Detalles del diseño de 23 Living

El lote donde está implantado presentaba áreas de retiro y desnivel topográfico de casi cuatro pisos entre las dos calles, lo que suponía un reto para los arquitectos. Desde el punto de vista urbano, una de las áreas de retiro lateral del proyecto se destina a la construcción de un pasaje peatonal público, una escalera urbana que recoge el flujo de los transeúntes para invitarlos a usar los restaurantes y servicios de los primeros niveles de 23 Living y conducirlos hasta la carrera 34, vía que articula el barrio y lo conecta con la calle 10, una arteria importante de la zona.

Por otro lado, estas mismas limitaciones incentivaron el aprovechamiento de la pendiente del lugar para generar dos primeros pisos desde el nivel de cada calle, estableciendo así una relación franca entre el edificio y la ciudad; además, el frente reducido del lote y su fondo prolongado definieron la planta de cada piso como un sistema sencillo: un rectángulo con un núcleo de ascensores y escalera en el centro y dos apartamentos hacia los frentes.

El resultado es una arquitectura controlada con balcones generosos sobre las calles y una jardinera perimetral de cincuenta centímetros de ancho hacia los vecinos. Un esqueleto estructural de aristas curvas, de concreto color ocre y vestido de trópico, que se asoma sobre los árboles cercanos y las montañas lejanas. Un jardín habitable, conectado con el barrio.

La regularidad geométrica del volumen y la simpleza de la distribución en planta se desdibujan en las fachadas gracias a una serie de medios cilindros prefabricados en concreto que generan una composición aparentemente aleatoria. Estos cascarones curvos hacen las veces de ductos técnicos y, en ocasiones, nichos con mobiliario fijo en el interior de los apartamentos.

La dirección de arte y el interiorismo estuvieron a cargo de Estudio Liberal, liderado por Sara Restrepo y Felipe Hoyos. Su propuesta de diseño interior genera una atmósfera que complementa la claridad de la arquitectura con un sentido de diversidad expresado en materiales y colores, desde dibujos en los pisos de zonas comunes que hacen eco de la topografía de Medellín hasta barras de concreto fundido en las cocinas, pasando por piezas diseñadas especialmente para el proyecto, como lámparas colgantes y espejos. El espacio doméstico se enriquece, para luego fugarse hacia el paisaje a través de los balcones.

Si la naturaleza de los edificios tradicionales de vivienda es ser contenedores sociales y creadores de comunidades, estos nuevos desarrollos de vivienda para turistas surgen a partir de la noción de hospitalidad, de recibir bien a un invitado.

Por eso, 23 Living asume una arquitectura que entiende el lugar urbano que ocupa y amplifica sus posibilidades, regalándoles espacio libre al entorno y a los peatones. Como buen anfitrión, acoge a sus habitantes con generosidad a pesar de las dificultades implícitas en su emplazamiento, y al hacerlo construye una obra de arquitectura rigurosa, pero a la vez sensible al paisaje y al clima en función del disfrute.

Cinco puntos para destacar del hotel

1. Desde la concepción del proyecto, los desarrolladores querían que la torre tuviera una condición escultórica en el paisaje urbano.
2. La estructura del edificio, construida en concreto color ocre, define la expresión de las fachadas, mientras la vegetación de las jardineras anima el espacio interior y hace eco de las calles boscosas del entorno.
3. La unión entre arquitectura y diseño interior se logra a través de un trabajo colaborativo mediante talleres creativos.
4. Las alturas de las especies sembradas en las jardineras se pensaron en función de garantizar privacidad en unas zonas y destacar las fachadas en otras.
5. El proyecto generó una conexión pública que recoge el flujo peatonal del sector y lo conecta con las vías más importantes de la zona.
