El Museo de Arte Moderno de Medellín (MAMM) ocupa un lugar clave en el panorama reciente de la arquitectura colombiana. Su edificio en el renovado sector de Ciudad del Río, diseñado por Catalina Patiño en asocio con Viviana Peña (En Ctrl G), junto con el estudio peruano 51-1 (César Becerra, Manuel de Rivero y Fernando Puente Arnao), redefinió la manera de concebir los equipamientos culturales en el país. Más que una ampliación del antiguo museo, se propuso un nuevo modo de relación entre cultura y ciudad, en el que se integra el arte con el espacio público.

La obra parte de una idea simple y poderosa: el museo no debía ser una caja cerrada, sino un sistema abierto que prolongara la plaza y la calle hacia el interior. Escaleras y terrazas permiten un ascenso gradual, en el que el visitante se mueve entre exposiciones, ciudad y paisaje, en un recorrido que verticaliza el espacio público.
“Los quiebres de las cajas que definen la arquitectura del museo —explica Patiño— generan una secuencia de espacios públicos que empieza en el hall urbano cubierto a nivel de la plaza y que va subiendo en torno a las fachadas del edificio, con terrazas abiertas que se convierten en extensiones a cielo abierto de las salas interiores”. Esa vocación urbana se hace visible también en el auditorio: una gran puerta abatible lo conecta con la plaza y lo convierte en escenario para cine al aire libre o eventos abiertos, donde la arquitectura se vuelve infraestructura cultural.

Detalles del diseño del Museo de Arte Moderno de Medellín
Por otro lado, el MAMM fue el detonante del renacer cultural de Ciudad del Río, pues no solo activó el parque y las viviendas aledañas, sino también extendió su influencia hacia otros sectores de Medellín, como el Perpetuo Socorro, donde hoy aparecen talleres de artistas y nuevos espacios creativos. La obra se convirtió así en referente y antecedente para la red de proyectos culturales de la ciudad, ya que es una muestra de cómo la arquitectura puede catalizar procesos de regeneración urbana.

Con la perspectiva del tiempo, Patiño reconoce que, de haber sido posible desde el punto de vista normativo, habría sido valioso diseñar también la plaza frente al museo como parte integral del conjunto. Aunque ambos espacios se integran con naturalidad, sugiere que una intervención unificada habría potenciado aún más el impacto de la obra.
El MAMM representa una inflexión en la forma de entender los museos en Colombia: edificios que ya no buscan aislar al visitante, sino extender la relación cultural hacia la ciudad. Su arquitectura abierta y su modo de invitar al encuentro ciudadano demuestran que los espacios culturales pueden ser también cívicos, donde lo público se eleva —literal y simbólicamente— en cada terraza.
