Revista Axxis
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En 1941, los abuelos de Nilda alquilaron esta casa en Turís, Valencia, una vivienda construida quince años antes y que se distinguía por su amplio jardín trasero, que por aquel entonces aún daba a los campos circundantes. Unos años más tarde, compraron la propiedad y llevaron a cabo la primera gran reforma, ampliando la casa hacia el jardín.

Como médico del pueblo, el abuelo dedicó parte de la casa a su consulta, una práctica común en aquella época. En el extremo del jardín también construyó un pequeño pabellón elevado, un lugar apartado donde podía retirarse a leer lejos del ajetreo de la vida familiar. A finales de la década de 1970, tras su jubilación, la familia se mudó a Valencia y la casa se convirtió en una casa de vacaciones.

Con el paso de los años, se hicieron pequeños ajustes para adaptarse a las necesidades cambiantes, pero una vez que dejó de ser la residencia permanente, la casa fue quedando obsoleta. Décadas después, Nilda decidió regresar y convertirla en su residencia principal.

El diseño de la casa
Los casi 300 m² del edificio principal debían albergar dos formas de habitar la casa: la vida cotidiana de una o dos personas durante la mayor parte del año, y las animadas reuniones de la familia extensa durante los veranos y las vacaciones, continuando así su larga tradición como lugar de encuentro.

El proyecto, que estuvo a cargo de la firma José Costa ARQ, también incluyó una pequeña piscina inspirada en las tradicionales cuencas de riego, un estudio de pintura y la restauración del antiguo pabellón del jardín como espacio de ocio.

La casa original se componía de dos mitades claramente diferenciadas. El volumen que daba a la calle, con su fachada de ladrillo, ventanas de madera y tejado de tejas, se mantuvo prácticamente intacto. Esta zona ahora sirve de alojamiento para los familiares de visita, con cinco dormitorios y tres baños. Se restauraron la puerta de entrada y la carpintería de madera, mientras que las baldosas y los suelos originales se conservaron y reutilizaron.

La mitad que da al jardín ahora alberga los espacios principales: salón, comedor, cocina y la suite principal. Debido a su deterioro, esta sección requirió una intervención más sustancial. Se sustituyeron los tejados y partes de la estructura, y se abrió la fachada para reforzar la relación con el jardín.

Para llevar luz natural al interior de la vivienda, se creó un nuevo patio sobre la cocina. Acristalado, adquiere el carácter de un jardín interior. Una nueva escalera se convierte en un elemento central de la casa, conectando ambas partes y estableciendo un diálogo visual con el patio.

El resultado es un hogar que conserva la memoria familiar a la vez que se adapta a la vida contemporánea: una arquitectura donde pasado y presente conviven de forma natural.
