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Revista Axxis
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Desarrollo y naturaleza parecían avanzar por caminos separados durante muchos años. Mientras uno transformaba el territorio, la otra asumía las consecuencias; no obstante, algunos proyectos empiezan a demostrar que esa relación se puede replantear desde el origen mismo del diseño.

Cada vez son más los arquitectos y desarrolladores que entienden el entorno, el paisaje, como parte esencial de la arquitectura. El terreno deja de ser el soporte sobre el que se implanta un proyecto para convertirse en un sistema vivo que también merece ser diseñado, protegido y fortalecido. Se podría decir que la calidad de una intervención comienza antes de la construcción y continúa después de su entrega.
Esa visión ha llevado a que conceptos como la restauración ecológica entren en la conversación sobre el hábitat contemporáneo. Recuperar un ecosistema degradado representa una manera de devolverle al territorio parte de aquello que el desarrollo le ha exigido durante décadas. Es una forma de proyectar con una mirada a largo plazo, en la que la transformación no se limita a los edificios, sino que alcanza el paisaje que los rodea.

Restauración del paisaje
En 2016, la compañía Inverunda inició ese ejercicio en un terreno ubicado en Pacho (Cundinamarca), destinado a la ganadería durante años, por lo que había perdido gran parte de su vegetación original. Junto con un equipo de ecólogos y biólogos, comenzó un proceso de restauración que, con el paso del tiempo, dio lugar a un bosque joven, conformado por más de 800 árboles nativos.
El resultado se manifiesta en pequeñas señales que hablan de un ecosistema en recuperación. La presencia de perezosos, carpinteros, colibríes cola de raqueta, lagartijas y una creciente diversidad de insectos revela que la naturaleza encuentra nuevamente las condiciones para desarrollarse. El agua, el suelo y el microclima también responden a una transformación que ocurre de manera silenciosa, pero constante.

Hoy, quienes recorren este lugar lo hacen acompañados por guías especializados que interpretan la flora y la fauna del bosque. La experiencia trasciende la contemplación del paisaje y se convierte en una oportunidad inmejorable para comprender los procesos naturales que sostienen el territorio. Caminar entre especies nativas permite descubrir que la regeneración también puede formar parte de la arquitectura.
Nos encanta de este proyecto
1. En una época en la que la sostenibilidad se suele medir por certificaciones, iniciativas como esta recuerdan que las transformaciones más valiosas se perciben gracias a la naturaleza.
2. Inverunda recuperó un terreno en Pacho (Cundinamarca), que antes estaba dedicado a la ganadería.
3. En la actualidad, este espacio contiene un bosque joven conformado por más de 800 árboles nativos.