Casa Tarapacá, ubicada en Lima, Perú, es una obra que invita a descubrir sus espacios. Los ambientes se revelan paso a paso, proponiendo pausas, miradas distintas y juegos en relación a la luz. Este proyecto es una secuencia de atmósferas que replantea cómo se habita lo cotidiano.

Esa fue la primera sensación de la arquitecta Brunella Sardenberg, fundadora de Studio BR, al conocer el inmueble: la certeza de que detrás de una autoconstrucción común existía la oportunidad de construir un hogar con sentido. No se trataba solo de renovar un espacio, sino de transformar una estructura existente en una casa viva, capaz de responder a las dinámicas de la familia.

El punto de partida fue convertir un edificio de tres niveles, levantado sobre un terreno compacto de apenas 66 metros cuadrados, en una casa-taller pensada para crecer, crear y compartir. Con una fachada de menos de cuatro metros de ancho, el proyecto asumió desde el inicio una premisa clara: lograr que la vivienda se sintiera amplia y luminosa, pese a sus límites físicos.

Distribución espacial de la obra
El corazón del proyecto es la escalera. Transparente, liviana, con líneas que parecen flotar, atraviesa los cuatro niveles como un eje de movimiento y encuentro. Este elemento actúa como un conector emocional ya que cada peldaño permite entrever lo que sucede arriba y abajo, generando vínculos invisibles entre quienes habitan la casa.

La luz natural es la segunda gran protagonista. Entra por la mañana desde el fondo, se desplaza durante el día y regresa por la tarde reflejada desde la calle. A través de los tragaluces, cae directamente al centro de la vivienda, recorre muros y superficies.

Esta iluminación no solo estructura el proyecto, también define su atmósfera emocional y mantiene un diálogo permanente con el paso del tiempo.

Aunque organizados en distintos niveles, los espacios funcionan como un ambiente continuo. Desde la planta baja hasta el cuarto piso, todo está conectado visual y sensorialmente.

En el nivel inferior, el estudio con patio posterior introduce el verde como primer respiro. En los pisos intermedios, la sala, la cocina y los dormitorios se abren hacia la terraza y hacia los árboles de la calle.

En el último nivel, la casa se expande por completo apreciando el entorno y, al fondo, casi como un regalo inesperado, la vista del mar.
El diseño de la casa
El diseño interior y el mobiliario, desarrollados también por Studio BR, completan la propuesta. El interiorismo se apoya en una estética atemporal, donde la modernidad aparece de forma discreta y precisa.

Asimismo, una paleta neutra y cálida sirve de base, acentuada por toques de color que aportan carácter. Los espacios funcionan como un telón de fondo elegante para la vida diaria.

Para Sardenberg y su equipo, proyectar Casa Tarapacá fue mucho más que reorganizar metros cuadrados, fue pulir un diamante en bruto. Convertir un terreno estrecho en un hogar amplio, luminoso y fluido, donde cada decisión arquitectónica tiene un propósito claro.
Esta casa es más que un ejercicio de diseño. Una invitación a imaginar una vida donde cada detalle está cargado de intención y significado.
