En ocasiones, los proyectos de arquitectura interior parecen una labor de arqueología, pues se debe hacer una limpieza del espacio para encontrar el estado original y valioso de una construcción. El gesto de sustraer permite revelar las lógicas constructivas e incluso culturales con las que se concibió una obra, y al hacerlo, habilita la posibilidad de intervenir con claridad.

En ciudades históricas como Cartagena, donde las casas coloniales han pasado por múltiples adecuaciones, esta operación de limpieza suele ser el primer paso para restituir el sentido de la arquitectura.

Esa fue la condición de partida de Privado, un hotel boutique ubicado en una casona patrimonial en la calle del Curato. Durante años, la vivienda había albergado oficinas que fragmentaron sus espacios con cerramientos que obedecían simplemente a la necesidad de tener cubículos y que hicieron que la casa perdiera su lectura original.
Cuando Mezk Studio —firma dirigida por el arquitecto Pedro Juan Mendoza— asumió el proyecto, la decisión inicial fue retirar esas capas recientes para recuperar proporciones, alturas y relaciones espaciales. A partir del descubrimiento de la arquitectura oculta, se diseñó un hotel contemporáneo que utiliza la tradición como sustancia y no como decoración.

Así, el proyecto se orientó hacia una pregunta esencial: ¿cómo construir un lugar de descanso en medio de una ciudad turística, donde el ritmo tiende a ser acelerado? Privado se ofrece como respuesta mediante un diseño interior que evita la espectacularidad de las tendencias “instagrameables” en favor del abordaje de los asuntos de fondo de la tarea del arquitecto: el confort, así como la adecuada iluminación y ventilación de los espacios.

Los detalles de la arquitectura interior del hotel
En la paleta cromática se aplican distintos tonos de azul frío, una elección pensada para contrastar con la temperatura visual del Caribe urbano. La intención no es producir un efecto temático, sino matizar la luz y crear un ambiente que se percibe más pausado, casi como si bajara el volumen al exterior.

La iluminación cumple la misma función. En vez de recurrir a luminarias protagónicas o a intensidades altas, se utilizan fuentes de luz tenue que acompañan la rugosidad de los muros y la geometría de los corredores. Con las lámparas —algunas diseñadas por Mezk, otras traídas de la India— no se busca introducir un estilo ajeno, sino aportar un peso material que se siente coherente con la arquitectura restaurada.

La luz se despliega en capas: un resplandor suave en los muros, acentos contenidos sobre elementos específicos y un uso deliberado de sombras para mantener la casa en un registro visual sereno.

El mobiliario refuerza esta idea. Muchas piezas las diseñó el estudio y otras provienen de anticuarios, pero juntas construyen un lenguaje que se distancia del estereotipo marino o del exotismo tropical. La selección de maderas, fibras, telas y objetos evita la literalidad, y en su lugar apuesta por una estética contenida, donde cada elemento tiene un papel claro dentro del espacio. No se trata de componer escenas, sino de ordenar las condiciones que permiten que la casa se vuelva habitable desde la calma.

En la intervención también se reorganiza la manera de relacionarse con los patios. Se conservaron los pisos originales de estos, salvo en uno de ellos, donde se remplazó un jardín por un espejo de agua que reajusta la escala del sitio y define un nuevo centro silencioso.

Alrededor, la vegetación y las superficies de piedra retoman la lógica climática de la arquitectura colonial. El proyecto integra cortinas que reaccionan con el viento, creando transiciones suaves entre interior y exterior, un gesto que articula el clima con una percepción más íntima del espacio.

En las habitaciones, el diseño mantiene esta misma coherencia. Los muros, los artesonados restaurados y la carpintería tradicional dialogan con piezas contemporáneas, sin generar un contraste brusco.
Cada cuarto conserva las proporciones originales de la casa, pero incorpora un mobiliario que actualiza su uso y facilita el carácter de autoservicio del hotel. La intervención no busca transformar radicalmente la arquitectura, sino actualizarla sin perder la lectura histórica del inmueble.

Privado sugiere una forma distinta de habitar Cartagena. Frente a una ciudad donde la intervención turística suele priorizar lo inmediato, este proyecto apuesta por una arquitectura interior que retoma la tradición como sustento.
La restauración inicial permite que la casa recupere su estructura y, desde allí, Mezk Studio construye un ambiente que privilegia el descanso mediante materiales, luz y proporciones que mantienen el espíritu del lugar. Recuperar la tradición implica eso: reconocer lo que permanece, intervenir con mesura y dejar que la arquitectura vuelva a revelar su valor sin necesidad de imponerlo.
Cinco puntos para destacar
1. La obra comenzó con la eliminación de particiones recientes para recuperar la espacialidad original de la casa.
2. La ventilación cruzada se preserva gracias a la relación entre corredores, patios y aberturas tradicionales.
3. El proyecto se distancia de estéticas pensadas para redes sociales y privilegia decisiones arquitectónicas de fondo.
4. Se desarrolló una fragancia específica para el hotel que inunda el espacio, como parte del diseño interior.
5. El propósito del proyecto fue generar un ambiente ideal para el descanso, que se distancia de las dinámicas agitadas del turismo en Cartagena.
