Para la diseñadora holística Laura Casas, el hogar es un territorio vivo que guarda memoria. “Los espacios no son solo estéticos, son emocionales y energéticos. Todo lo que vivimos queda de alguna manera impregnado en la casa”, explica. Entendiendo esto, preparar y ajustar los ambientes es una necesidad.
El comienzo de un nuevo año suele venir acompañado de listas de propósitos, deseos de cambio y la necesidad de dejar atrás lo que ya no funciona. Sin embargo, pocas veces se piensa en el rol que juegan los espacios en ese proceso de renovación. La casa es un reflejo directo de nuestro estado emocional y energético.

Hoy, más que nunca, los espacios deben responder a un cuerpo y una mente sobreestimulados. “Vivimos más cansados, más sensibles y con menos pausas reales. En ese contexto, la casa dejó de ser solo un lugar bonito y se convirtió en refugio, terapia y contención”, señala Casas.
El inicio de año como portal energético
El cambio de calendario tiene una carga simbólica poderosa. Cerramos ciclos, revisamos aprendizajes y proyectamos nuevas intenciones. Pero hacerlo rodeados de objetos, distribuciones o energías del pasado genera una contradicción silenciosa.

“El inicio de año es un portal energético muy potente. No tiene sentido pedir nuevos comienzos si seguimos rodeados de lo viejo”, afirma Laura Casas. Curar los espacios en este momento es una forma de alinear lo que se desea vivir con el lugar que se habita.
Realizar estos cambios no implica grandes reformas ni inversiones desmedidas. Se trata, más bien, de una revisión consciente: qué se queda, qué se va y qué necesita transformarse para acompañar la nueva etapa.
¿Qué señales nos da un espacio cuando necesita reconfigurarse?
Casas explica que el cuerpo suele percibir antes que la mente cuando algo no está funcionando. “Si llegas a casa y en lugar de sentir alivio te sientes más cansado, si duermes mal sin una razón o evitas ciertos rincones sin saber por qué, el espacio está pidiendo atención”.

Asimismo, cuando la sensación es de incomodidad o cuando todo está aparentemente ‘en orden’, pero el espacio se siente frío, pesado o sin vida a veces es exceso, mala energía acumulada o una distribución que ya no acompaña quienes somos.
¿Por dónde empezar?
Para quienes desean preparar su casa para este 2026, el primer paso es definir una intención. “Es clave preguntarse cómo quiero sentirme en mi casa este año y qué necesita este espacio para sostener eso, a nivel funcional y energético”, sugiere. Esa respuesta da la pauta para tomar decisiones de interiorismo y renovar la distribución, la iluminación o los elementos que tenemos.

El segundo paso es la depuración, por ejemplo, sacar lo que no se usa, liberar superficies, reducir lo que satura ya que un espacio sobrecargado no solo se ve pesado, también se siente así. Por ello es que la energía necesita circular.
Después, como tercer paso, aparecen los ajustes conscientes, “mover la cama o el sofá para mejorar la circulación y el descanso, cambiar la temperatura de la luz para regular el ánimo, sumar textiles, aromas o elementos naturales que ayuden a equilibrar el espacio”. Estas decisiones tienen un impacto en la forma como sentimos y vivimos los ambientes.

Y para integrar los tres pasos, la diseñadora recomienda como pequeño ritual: abrir las ventanas, dejar entrar la luz y el aire, recorrer el espacio organizado con una vela o un aroma natural percibiendo cómo cambia la sensación del lugar.
Además, dentro de los elementos esenciales para crear espacios que nos sostengan emocionalmente se encuentra la luz, los materiales, la circulación de los ambientes y el color. También una ayuda extra es la aromaterapia, que impacta directamente en el sistema límbico.
Este es un proceso que permite que el espacio se sienta más liviano y más coherente con la etapa de vida que se está atravesando.
Algunos elementos que suelen bloquear la energía
Entre los principales objetos que obstruyen un espacio se encuentran piezas rotos, papeles viejos, ropa guardada “por si acaso” y recuerdos cargados de dolor. “Todo lo que pertenece a una versión pasada de ti ocupa espacio físico, emocional y energético”, afirma.

Sentir que los ambientes ya no nos representan es una señal de crecimiento. Muchas veces, ese ajuste no implica mudarse, sino redefinir usos, soltar objetos del pasado y permitir que el hogar evolucione junto a quien lo habita. “La casa no tiene que ser perfecta ni seguir tendencias. Tiene que acompañar quién eres hoy”.
Diseñar los espacios del hogar es una decisión que se debe tomar con conciencia, es un acto de cuidado personal. Cuando el espacio se vuelve más liviano, cambiamos la forma de percibir la vida, la rutina y mejoramos nuestro bienestar integral.
