Revista Axxis
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Con quince años de experiencia, la diseñadora colombiana Laura Panebianco se ha hecho un lugar en el mundo del interiorismo en Ciudad de México —aunque ha trabajado en varias partes del mundo—. ¿Cómo lo ha conseguido? Con una propuesta enfocada en el detalle, el material y el confort.

Para ella, todos los procesos en los que esas palabras se entretejen buscan lograr un resultado mayor: el arte. Quizás sea esa obsesión la que potencia su estilo, además de su robusta formación y experiencia en diferentes instituciones de Estados Unidos e Italia, antes de fundar en 2016 su firma: Studio Panebianco.
¿Existe alguna característica recurrente, ya sea espacial, material o formal, en sus proyectos?
Nuestros proyectos se distinguen por su nivel de detalle y por las múltiples capas de diseño y decoración que los conforman. Creamos espacios en los que cada superficie —desde los pisos y muros hasta la pasamanería de un cojín— se ha considerado con intención.

Nos interesa el diálogo entre materialidades suaves y rígidas: la transición de un piso a un tapete, de una silla de madera a un sofá de lino, de una mesa de mármol a un jarrón de cerámica. También cuidamos la luz artificial con precisión, siempre en la temperatura adecuada para enriquecer la atmósfera.
Una vez construidas todas estas capas, llegamos al arte: una dimensión subjetiva que cobra fuerza dentro de un contexto cuidadosamente concebido.
Para usted, ¿qué material o técnica local en nuestro contexto tiene el mayor potencial para construir un sentido de identidad colombiana por medio del diseño o la arquitectura?
La identidad se construye cuando se reverencian los materiales locales y las técnicas tradicionales de nuestra región. En Colombia, hay un legado importante de diseño y arquitectura, que sigue evolucionando y creciendo con cada generación de creativos.

Al hacer referencia a estas tradiciones, enaltecemos esa identidad y fortalecemos su sentido. Esta también se genera mediante la colaboración entre creativos locales, como arquitectos, diseñadores, decoradores o artistas. Nuestros proyectos son absolutamente colaborativos, ya que una buena alianza entre expertos es clave para obtener grandes resultados para el legado de la identidad local.
¿Qué intereses o búsquedas particulares exploraron en su más reciente proyecto?
Uno de nuestros proyectos fue reconstruir un apartamento en Acapulco (México), que quedó destruido tras el paso del huracán Otis, en el 2023. Los clientes decidieron asumir el riesgo de reconstruirlo sabiendo que esta es una zona de huracanes, de modo que el reto fue adaptarlo de la mejor forma posible para que resista las inclemencias del clima.

Aprovechamos lo que sobrevivió bien: la estructura y el piso de teca flotada. Lo complementamos con una redecoración compuesta de piezas que hicimos exclusivamente para el apartamento, empleando materiales pesados y resistentes: piedras locales, textiles resistentes al exterior y maderas tropicales.
Más allá de lo visual, ¿qué experiencia sensorial o emocional quiere usted producir con su trabajo?
Quisiera que nuestros espacios siempre generaran confort. Esta palabra la utilizo casi a diario. Considero que, independientemente de si los espacios son muy formales y elegantes o totalmente casuales y rústicos, dentro del diseño se puede conseguir este sentimiento de confort, de contención y de tranquilidad sensorial.
El ser humano está naturalmente atraído por la belleza. Si nos rodeamos de belleza en un marco de practicidad y atención por los requisitos del cliente, podemos estar en armonía dentro de ellos.
¿Cuáles son sus influencias?
Es una lista difícil de resumir y que siempre está en crecimiento, pues devoro libros y revistas de diseño apasionadamente. De una generación anterior están David Hicks, Billy Baldwin, François Catroux y Renzo Mongiardino.

Entre los diseñadores contemporáneos que me inspiran están Laura González, Rose Uniacke, Jorge Lizarazo, Juan Montoya, Jacques Grange, Luis Laplace, Summer Thornton, Paolo Moschino, Beata Heuman, Nicky Haslam… ¡La lista continúa!
