Los años noventa fueron una década de transición, pero también de audacia. Sin las certezas del nuevo milenio, arquitectos, artistas y diseñadores encontraron en el objeto un campo de experimentación libre. Materiales industriales llevados al ámbito doméstico, oficios tradicionales reinterpretados y gestos formales que rompían con lo establecido dieron forma a objetos que no buscaban la perfección, sino la expresión.
Este recorrido por piezas emblemáticas de la década revela cómo el diseño de autor se consolidó a partir del riesgo, la intuición y una voluntad clara de explorar nuevos lenguajes.
El gesto experimental

Este anuncio del Taller Amaral, publicado en 1992, condensa el espíritu experimental de una generación de arquitectos, artistas y diseñadores que buscaban definir el lenguaje del diseño de autor.
Libertad al crear

El acero, trabajado en formas limpias y esbeltas, se convirtió en uno de los materiales más representativos de este periodo. Este frutero, diseñado por Carlos Gallo para el Salón de Oficios, es testimonio de la libertad experimental que caracterizó la época.
Formas vivas

Mientras la diseñadora industrial Ana María Bernal experimentaba con maderas de tonos oxidados y materiales traslúcidos, Muriel Garderet iniciaba una exploración orgánica del material al templar el mimbre y trabajar el lienzo en formas que se volverían icónicas en su taller de Barichara (Santander).

La pieza que rompió el molde

Durante esta década —e incluso en los años siguientes— era habitual encontrar en los hogares bogotanos poltronas de estilo art déco restauradas. Sin embargo, la reinterpretación del arquitecto colombiano Juan Montoya marcó una ruptura definitiva con las versiones tradicionales, incorporando un gesto de diseño que terminaría convirtiéndose en su sello personal.
El arte del hierro

A mediados de los años noventa, la artista colombiana Edelmira Boller cruzó la delgada frontera entre el arte y el diseño al incorporar el hierro en el ámbito doméstico y utilitario, transformando un material industrial en vehículo de expresión cotidiana.
Libre movimiento

Las mesas de centro y comedores con ruedas marcaron tendencia a finales de los noventa, aportando un aire industrial al interiorismo de la época. Este diseño de Ángela Crane y Yumna Cure, creado en 1999, es un ejemplo emblemático de aquella estética funcional y urbana.
Un cambio de era

Alejándose del diseño temático y voluminoso de los años ochenta, algunos diseñadores y artistas —como Pablo Posada— se aproximaban al nuevo milenio explorando formas más orgánicas trabajadas en caoba y aluminio.

La luz del oficio

Las primeras lámparas de Octubre, creadas por el arquitecto colombiano Guillermo Arias, remiten a una época de trabajo manual y experimentación con los metales, evocando el espíritu artesanal y exploratorio de sus inicios.
Café con sello

En 1992, Poli Mallarino, con su conocida dinámica creativa, convocó a diez creativos de la época para diseñar cafeteras de autor —colección de Mónica Meira, en plata y madera—.
Un objeto, múltiples formas

Desde la herencia ochentera de la empresa Focus, pasando por la ligereza del hierro en las sillas de comedor tejidas en zuncho de Proyecta, hasta llegar a las piezas contemporáneas en acero y madera de Claudia Uribe, las sillas de este periodo reflejan la diversidad formal y material que acompañó la transición hacia el nuevo milenio.
