Santa Marta, donde la condición de puerto se evidencia a cada paso y el Caribe se transpira a plenitud, y Mompox, anclada en un brazo del río Magdalena, demuestran que mezclar la visión de urbanistas con la de arquitectos y restauradores es el camino para preservar el valor patrimonial, el cual solo tiene validez si lo disfrutan por igual residentes y turistas.