Fue un hombre pausado, tranquilo, de trato amable, generoso con su sonrisa y con su conocimiento. “Tal vez mi generación deba sentirse culpable de aquello que no está funcionando en la ciudad”, comentó en una entrevista con AXXIS, dejando en el aire la idea de que, tal vez, hizo falta un poco más de compromiso y participación política por parte de los arquitectos del siglo XX con el fin de definir un mejor destino para Bogotá.