“Que al llegar a su casa, la persona se sienta relajada y tranquila”, este es uno de los principios con los que trabaja el arquitecto colombiano, Ralf Künsli, artífice del interiorismo de este apartamento de 150 metros cuadrados ubicado en el tercer piso de un edificio construido a las afueras de Bruselas, Bélgica, donde antes operaba una fábrica de cervezas.