Esta obra es el resultado del trabajo conjunto que tuvieron Mateo López, el arquitecto Lucas Oberlaender y Benjamín Umaña. La idea surgió a raíz de las conversaciones que López tenía sobre su casa soñada, un espacio que no necesitara de la posesión de un terreno para existir, un espacio en movimiento, carente de lo estático, pero dispuesto a ser habitado.