Revista Axxis
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Buena parte de las ciudades en Colombia se han construido predio por predio. Una casa desaparece para dar paso a un edificio, varios lotes se agrupan para levantar una torre, una industria se transforma en un complejo de vivienda… De esta manera se han renovado, progresivamente, sectores enteros, pero esta estrategia tiene sus límites.

Cuando cada proyecto se resuelve de manera independiente dentro de unos pocos miles de metros cuadrados, resulta difícil intervenir lo que ocurre entre los edificios. Las calles, los parques, los recorridos peatonales o la mezcla de actividades quedan, casi siempre, fuera del alcance. Planteamientos como Quora, en Bogotá; Distrito Palermo, en Medellín, y la transformación del borde del río Magdalena, en Barranquilla, proponen trabajar a otra escala. Aunque parten de condiciones distintas, nos permiten ver lo que ocurre cuando el desarrollo inmobiliario interviene sobre trozos completos de ciudad.

Este modelo tiene antecedentes maravillosos. En Londres, el Barbican Centre, diseñado por Chamberlin, Powell and Bon sobre un sector devastado durante la Segunda Guerra Mundial, desarrolló más de dos mil viviendas con teatros, sala de conciertos, galerías, biblioteca, escuelas, jardines y espacios abiertos.
Más de medio siglo después, este proyecto sigue demostrando que trabajar a gran escala le permite a la arquitectura construir relaciones entre la vivienda, la cultura, el paisaje y la vida colectiva que son imposibles de resolver desde un edificio aislado.
1. Quora, proyecto en Bogotá
Quora, en Bogotá, desarrollado por Cimento Inmuebles Comerciales, ocupa tres manzanas entre la calle 85 y el parque El Virrey. Roberto Moreno, presidente del Grupo Amarilo —socio de Cimento en este proyecto—, explica que “El desarrollo, más que un ejercicio inmobiliario, es una gran oportunidad para recuperar y resignificar una zona privilegiada”.

La escala del programa permite entender esa intención: cerca de 149.000 metros cuadrados de área rentable se dividen entre oficinas, vivienda y comercio, complementados con más de 4.000 metros cuadrados destinados a espacios culturales, hotelería y servicios; además, 202 apartamentos, 271 locales y un teatro para 1.200 espectadores, así como 18.400 metros cuadrados de nuevo espacio público peatonal.

Para poder pensar las tres manzanas como una sola pieza hubo que consolidar más de 260 predios, en un proceso que requirió más de una década de planeación. Esa operación permitió articular recorridos peatonales, plazas, jardines, plantas bajas activas y nuevas relaciones con el parque El Virrey. La arquitectura comenzó, en este caso, mucho antes de diseñar los edificios: fue necesario imaginar primero la posibilidad de disponer de un fragmento de ciudad suficientemente grande para transformarla.
2. Distrito Palermo en Medellín
En Medellín, Distrito Palermo parte de otra condición. El antiguo Colegio Palermo de San José ocupa un lote de 23.250 metros cuadrados en El Poblado. Allí, el Fondo Inmobiliario Colombia, gestionado por Patria Investments, junto con la Congregación de Hermanas Franciscanas Misioneras de María Auxiliadora, desarrolla una operación cercana al billón de pesos, que busca convertir un antiguo recinto institucional en un fragmento abierto de ciudad.

“No está concebido como un proyecto convencional inmobiliario, sino como una apuesta de transformación y renovación urbana”, explica Raúl González, vicepresidente de Desarrollo de Patria Investments. El programa contempla alrededor de 40.000 metros cuadrados de oficinas, 13.000 de vivienda, 12.000 de hotel y 12.000 de comercio y gastronomía. A ellos se suman el Hotel Canopy by Hilton —de 194 habitaciones—, un teatro tipo caja negra y una plaza cívica de 3.900 metros cuadrados, aproximadamente, que funciona como centro del proyecto.
Incluso antes de dar comienzo a las obras, las instalaciones del antiguo colegio han albergado organizaciones como Filarmed, el Ballet Metropolitano y Cantoalegre, partiendo de la actividad cultural como el centro de la transformación urbana. El proyecto, que obtuvo LEED for Cities and Communities Platinum, incorpora jardines de lluvia, superficies permeables y estrategias de biodiversidad.

En proyectos de esta dimensión, la responsabilidad ambiental puede dejar de limitarse a la eficiencia de cada edificio para abordar cuestiones urbanas: densidad, movilidad peatonal, agua, vegetación e infraestructura compartida, renovando la ciudad desde adentro, aprovechando territorios ya urbanizados en vez de depender exclusivamente de estrategias de expansión.
3. Ciudad del Río, Barranquilla
Barranquilla ofrece un tercer camino. Durante décadas, las instalaciones industriales y portuarias separaron la ciudad del río Magdalena, pero gracias a la construcción del Gran Malecón se ha empezado a invertir esa relación mediante plazas, ciclorrutas, recorridos peatonales y espacios deportivos, comerciales y culturales.
La recuperación del borde creó las condiciones para el desarrollo de Ciudad del Río, donde comienzan a aparecer proyectos de vivienda, comercio y otros usos. Aquí el orden de los factores es distinto: la ciudad construye primero el lugar y el desarrollo inmobiliario llega después. La inversión pública en paisaje, infraestructura y espacio colectivo funciona como potenciador de una transformación privada posterior.

Los tres casos representan mecanismos distintos. Quora reúne cientos de propiedades para recomponer la manzana, Palermo transforma un gran predio institucional para conectar ciudad, cultura y espacio público, y Barranquilla utiliza la infraestructura pública para reconciliar una ciudad con su geografía.
Si embargo, ampliar la escala del impacto de la arquitectura implica ampliar también los instrumentos necesarios para hacerla posible. Por eso, financiación, gestión y arquitectura resultan inseparables. Consolidar suelo permite crear espacio público; el capital a largo plazo hace posible desarrollar por etapas; la mezcla de usos sostiene actividad durante distintos momentos del día, generando una ciudad vibrante, que no muere. Las complejas estructuras detrás de Quora y Palermo, o la inversión pública que antecede el desarrollo privado en Barranquilla, no son asuntos ajenos al diseño; son, precisamente, aquello que permite hacerlo posible.

El Barbican ofrece, después de seis décadas, una medida exigente para estas nuevas operaciones colombianas. El diseño de sus torres importa, pero también sus jardines, recorridos, teatros, escuelas, viviendas y espacios colectivos; ese sitio donde resulta difícil determinar hasta dónde va el edificio y comienza la ciudad. Quizás esa sea, finalmente, la pregunta relevante. No si somos capaces de construir cien o ciento cincuenta mil metros cuadrados de una sola vez, sino qué podemos hacer con esa escala que difícilmente podríamos conseguir construyendo un edificio a la vez.
