El proceso de restauración y renovación de esta casa, construida en 1948, se mueve entre un interiorismo que potencia la cotidianidad y un ejercicio cromático usado como herramienta para dar vida a la arquitectura.
Además de unificar áreas y eliminar divisiones, la remodelación de este apartamento buscó otorgarles nuevos usos a los ambientes y generar relaciones espaciales que promuevan la interacción entre la familia.
En Bogotá, tener vista a un lago es algo excepcional. Por tal razón, los arquitectos demolieron los muros de este apartamento para promover una continuidad visual entre las áreas y el entorno.
En este proyecto se rescatan los valores estéticos de la obra gris, para que la arquitectura pase a un segundo plano y los elementos del interiorismo sean los encargados de contar la historia.
El diseño de esta casa debía lograr ambientes recogidos, sin que esto significara tener áreas pequeñas y fachadas cerradas. Una estrategia bioclimática permitió abrir la estructura para interactuar con el exterior.